III

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El aire de la mañana,

medio despierto a la vida,

y el primer beso en la cara

es tu presencia en la vía.

Como todas las mañanas,

con tu abrigo de astracán,

tu rostro de piel tan blanca

que se mancha con mirar.

Si supieras, dulce niña,

que yo te he pintado en sueños,

surcabas la noche fría

abrazadita a mi cuerpo.

Envueltos por el gentío,

lejos y cerca de la vez,

por cada vez que te miro

me pregunto si me ves.

El tren entra en la estación

y lista como una ardilla,

buscas el sitio mejor

con una dulce sonrisa.

Al subir en el vagón,

sentada como una reina,

miro con admiración

como te vas de mi vera,

en la próxima estación

volverá la pena eterna.

q7'

Versos de otros tiemposDonde viven las historias. Descúbrelo ahora