CLXIX

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Como el agua de los ríos,

así suenan tus palabras,

en ellas colmo mi sed

de las desgracias pasadas.

Tú presencia es una luz

que llega hasta mis entrañas,

contigo siento el dolor

que de mi cuerpo se escapa,

lo mejor de mi persona

surge cuando tú me llamas,

dejo atrás las noches grises

que me robaron la calma,

en ti todo es claridad,

todo asomo de esperanza.

No quiero pasar un día

lejos de tus dos pestañas,

me gusta cuando me miras

aunque no me digas nada,

aunque apenas la sonrisa

se dibuje por tu cara.

Sólo si siento tu abrazo

dejo atrás mis fantasmas,

esos mundos que perdí

y que nunca fueron nada,

porque mi mayor tesoro

eres tú, mi dulce amada.

Versos de otros tiemposDonde viven las historias. Descúbrelo ahora