CLXII

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Me lo dicen tus dos ojos,

aunque tus labios lo callan,

sé que mi pobre persona

prende sobre ti la llama,

y yo, para que mentir,

también me muero de ganas,

más, ¿cómo romper el hielo

que sin querer nos separa?,

¿cómo sacar de la boca

esas sinceras palabras?,

mientras se pasan los días

en medio de tensa calma,

y nos corroe la duda

de que no ha de pasar nada.

Si supieras que en silencio

en un rincón de mi casa,

sueño con que lo diré,

todo, el día de mañana.

Versos de otros tiemposDonde viven las historias. Descúbrelo ahora