CXXXII

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Esclavo de tu mirada,

cautivo de la esperanza,

todo se me torna en ser

el polvo de las calzadas.

No sé que será de mí

sin tu presencia adorada,

sólo tú das alimento

a una ilusión ya gastada,

a este viejo corazón

de bisagras oxidadas.

En ti reside el amor

que pensé nunca llegaba,

me lo ha enseñado la luna

en esta noche que pasa.

Desde que te conocí

somos tempestad y calma,

luz y sombra, fuego y agua,

lo imposible si uno falta.

Versos de otros tiemposDonde viven las historias. Descúbrelo ahora