XLI

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¿Qué queda de aquellos días

que pasamos abrazados,

de aquellas promesas vanas

en las noches de verano?.

Tú ibas a ser siempre mía,

tu mano junto a mi mano,

íbamos por la ciudad

con nuestro amor paseando.

No recuerdo la razón

de nuestro primer enfado,

sólo sé que desde entonces

ya nunca volví a tu lado.

La vida que nos devora

me acompañó de su brazo,

y me acostumbre a vivir

sin el goce de tu trato.

Pero al escuchar tu nombre

en la boca de un extraño,

diciendo que te casabas,

volví por los viejos ratos.

¡Qué capricho es el amar!,

cuando parece agotado,

basta sólo un breve viento

para volver al pasado,

aquella noche soñé

con tardes en tu regazo.


Versos de otros tiemposDonde viven las historias. Descúbrelo ahora