Con el Jesús en la boca

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Amanda caminó hasta la alcoba y se recostó en la cama con los brazos abiertos. Seguía temblando, más no entendía el por qué, de inmediato recordó que Ignazio le había dado su celular para su protección.

-¿Ciao?
-Amanda ¿por qué no contestas? -sonaba bastante molesto.
-Nacho, perdón.... ¡Se me fue la onda!
-¡Caray, Amanda me tenías CON EL JESÚS EN LA BOCA! -Gritó.

Silencio.

-¿Así dicen ustedes no? -Estalló en una carcajada amplia que a ella le sacó una sonrisa.
-¡Ay Nacho! Me asustaste. –Rió ella también.
-Imagina cómo me tuviste a mi todo éste tiempo. Bueno, dime... ¿qué tal tu cita?
-Fue maravillosa. -Aquella sensación en su estómago regresó con mayor fuerza.- Te cuento...

Amanda imaginó las manos traviesas de Francis corriendo por su espalda. Sus besos. El calor del carro. El sonido de la lluvia pegando en el parabrisas. La fuerza, la energía y al final el placer.

-¿Qué hiciste qué?
-P.. pues, no sé, las cosas s.. se dieron así... –Amanda tartamudeó un poco. Jamás esperó que Ignazio sonara tan molesto, tan incómodo o que simplemente le fuera a contestar así, es por eso que ella calló, por temor.
Ignazio colgó el teléfono.


Mis manos neciasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora