-Se puede saber ¿de quién hablaban? –Ignazio llegó de pronto.
-De ustedes dos.
-¡Ah qué caray! –respondió asombrado.
-¡Piero! –Amanda lo calló al instante.
-Ya hay que dejar de hacernos pendejos. Tú lo quieres, él te quiere. Sólo no andan por indecisos y por miedo. –Piero lo dijo sin tapujos.
-Esto es incómodo. –Ignazio estaba sonrojado.
-Bastante. –Contestó ella.
Terminó la cena después de tres horas, Ignazio se sentó en el sofá mientras Amanda recogía la mesa. Hablaba contándole a Ignazio las aventuras de Ernesto, evitando claramente hablar de Gianluca. Al poco rato Ignazio se quedó dormido, en un sueño profundo del cual ella no quería despertarlo.
-¡Ay guapo! No entiendo nada de lo que está pasando. –Le dijo a su sueño.
Amanda fuiste por unas cobijas para cubrirlo del frío, no lo iba a despertar, no después de verlo en ese sueño tan apacible. Era un bebé gigante. Silbaba al dormir y sacó una sonrisa ella, una de las más bellas. Al arroparlo a Amanda se le escapó un beso en la cien. Bueno, fue intencional, besó su cabeza dejando en él cariño y cuidado. Ella estaba ahí para él, para cuidarlo, mimarlo y adorarlo. Con una cobija tejida se sentastó en el sillón frente a él. Tenía tanto qué pensar. Decisiones que tomar y enmendar sus errores. Cuando menos te lo esperas la vida te alcanza, te acorrala y te obliga a madurar. A golpes o a sonrisas la vida te las paga. Una a una.
Amanda se levantó corriendo y fue por su cámara. Era el momento. Un clic bastaba para guardar el momento. Sentada de nuevo, ya con las luces apagadas y cámara en mano lo capturó así. En silencio. Clic. Otra captura. Aquel ángel le permitía admirarlo. El teléfono estaba al alcance de su mano. Con la mirada fija en Ignazio marcó un número ya conocido.
-¿Diga? –Contestó una voz del otro lado de la línea.
-Soy yo.
-Hola. Estaba pensando en ti.
-Perdóname.
-¿De qué hablas?
-Perdóname pero ya no puedo seguir jugando. Perdóname pero esto es un error. Perdóname. Lo mejor es terminar con esto. Me duele.
-¿Es tu última palabra? Esto no puede terminar así, no después de todo lo que ha pasado. –Contestó él.
-Soy una cobarde por terminar esto así, no puedo verte a la cara. Es el fin. Es hora de decir adiós. Terminó. Ya no queda otra salida.
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Mis manos necias
RomanceA golpes la vida siempre te pone en su lugar. Sin importar el sentimiento la naturaleza siempre proclama justicia, y poco a poco se cobra todas y cada una de las acciones que hayas realizado. Karma. Cuando la vida da, la vida quita. Es irónica. Prob...
