Rochelle Goyle

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Rochelle Goyle

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Era una tarde cualquiera en Monster High, el salón Principal se hallaba ruidoso, vibrante como siempre, pero algo en el aire parecía distinto. Rochelle Goyle, la gárgola que se destacaba no solo por su firmeza y determinación, sino también por su feroz lealtad a los suyos, caminaba con paso decidido por el pasillo. Su piel de piedra reflejaba la luz de los ventanales, y sus ojos, duros como la roca que llevaba dentro, observaban a todos con una mezcla de vigilancia y desconfianza. Era conocida por su temperamento explosivo y su carácter protector, algo que siempre la ponía en el centro de muchas situaciones incómodas.

Ese día, mientras pasaba cerca de la zona donde el grupo de chicos más problemáticos de la escuela, los "Bravucones", solían reunirse, escuchó risas burlonas que se dirigían hacia ella. No era la primera vez que la provocaban, pero algo en su interior le decía que hoy no iba a ser diferente; aunque su corazón de piedra no se inmutaba ante los insultos, una chispa de ira se encendió en su interior cuando los chicos empezaron a mofarse de su aspecto, llamándola "La estatua viva" y burlándose de su tendencia a ser tan estricta y rígida en todo.

Rochelle podía sentir cómo la sangre comenzaba a hervir dentro de ella, su temperamento pronto se haría notar; pero, antes de que pudiera responder con un golpe, una figura alta se interpuso entre ella y los chicos. La voz firme de T/N resonó en el aire como un trueno suave.


— ¿De verdad creen que pueden hacerle esto a ella? —Dijo una gárgola con mirada desafiante fija en los bravucones.


T/N era una gárgola como ella, pero algo diferente. No solo compartían la misma naturaleza de piedra, sino que también compartían una conexión que había nacido mucho antes de aquel encuentro en Monster High. Habían sido amigas desde pequeñas, cuando T/N vivía en Scaris, aunque la distancia entre ellos era enorme, siempre mantenían contacto a través de cartas. Las palabras escritas por T/N siempre lograban calmar la tormenta interna que Rochelle a veces no sabía cómo manejar, a su vez, Rochelle hacía lo mismo por T/N, enviándole cartas llenas de consejos y ánimos. Ambas habían crecido juntas, aunque en lugares distintos, siempre unidos por la tinta de sus cartas; pero, en ese momento, no había cartas entre ellos. Solo estaba T/N, y la mirada en sus ojos no dejaba lugar a dudas: iba a defenderla.

Los chicos no estaban acostumbrados a que alguien se interpusiera entre ellos y sus víctimas, mucho menos un ser tan imponente como T/N; sin embargo, el desafío en la voz de su protectora fue suficiente para hacer que uno de ellos, el más atrevido, se lanzara al ataque, dispuesto a demostrar quién mandaba; pero lo que no sabían era que T/N era una luchadora nata, igual de dura y resistente que Rochelle, con una paciencia que contrastaba con la de ella.

La pelea fue rápida y violenta. T/N esquivó con agilidad los golpes del bravucón y, con un par de movimientos precisos, lo desarmó y lo derribó con una fuerza que solo los de su clase podían tener. Los otros chicos, viendo que su compañero había caído, decidieron que no valía la pena seguir luchando y se dispersaron, dejando a T/N de pie, respirando con calma.

Rochelle, por su parte, observaba la escena en silencio, pero con algo en su pecho que comenzaba a hacer eco de una sensación nueva, una que no podía identificar completamente. Sabía que T/N siempre había sido protector; aunque nunca le había visto esa faceta tan directa, tan feroz. No era solo una amiga que se preocupaba por ella, era alguien que la veía como algo más.


— Gracias —Dijo Rochelle, aunque su tono era un tanto tosco, como si no supiera muy bien cómo expresar su agradecimiento. Se acercó lentamente a T/N, notando la forma en que él también respiraba de manera un tanto agitada.

— No tienes que darme las gracias —Respondió ella con una sonrisa tranquila, aunque sus ojos reflejaban preocupación. Se acercó a ella y notó un par de rasguños en su brazo, resultado de la pequeña refriega— Aunque parece que tú también podrías necesitar algo de ayuda.

— No soy de las que necesitan que las cuiden —Dijo Rochelle con un toque de desdén, pero al mismo tiempo, dejó que T/N tomara su brazo con suavidad, guiándola hacia una esquina donde podrían estar más tranquilos.


Lo que siguió fue algo que Rochelle no esperaba. T/N, con una suavidad que sorprendió a la gárgola de piedra, comenzó a limpiar sus heridas con un trozo de tela que llevaba en su bolsillo. Sus dedos, aunque fríos como la piedra, eran delicados y precisos. La conexión entre ambos creció en silencio mientras las manos de T/N rozaban la piel de Rochelle, como si en ese gesto compartieran un lenguaje más profundo que las palabras nunca podrían abarcar.

Rochelle sentía un nudo en el estómago, pero no de miedo o ira, sino de algo más... algo cálido. Algo que no sabía si era una amistad o algo más. Sabía que T/N había sido su amigo siempre, pero hoy, ese lazo se sentía distinto.


— ¿Sabes? Siempre supe que algo así iba a pasar —Dijo T/N en voz baja, mientras terminaba de curar la herida— No me gusta verte herida, y mucho menos que esos chicos se metan contigo.


Rochelle la miró con una mezcla de gratitud y confusión, como si todo estuviera cambiando en su interior, pero no sabía cómo gestionarlo. En sus cartas a ella, siempre había expresado su deseo de proteger a los demás, de ser fuerte y nunca mostrar vulnerabilidad; pero ahora, aquí, frente a T/N, ella se sentía vulnerable, algo que nunca había experimentado antes, sin embargo, no era una vulnerabilidad aterradora, sino una que despertaba algo en su corazón.


— Gracias —Dijo nuevamente, esta vez con más sinceridad— No sé qué haría sin ti.


T/N sonrió ampliamente, como si supiera que ese momento de conexión, ese instante fugaz pero eterno, era más que suficiente.


— Siempre estaré aquí, Rochelle. No importa cuán lejos estemos. Sabes que siempre estaré para ti.


Y en ese momento, Rochelle entendió lo que T/N significaba para ella. No era solo una amiga, ni siquiera solo un protector. Era alguien con quien, en cada carta que se enviaban, en cada palabra que compartían, había una promesa silenciosa: la de estar juntas, no importa la distancia.

La distancia entre Scaris y Monster High seguía existiendo; pero no les impedía mantenerse conectados, no solo a través de cartas, sino con cada mirada, cada gesto, cada sentimiento que compartían. Y en ese día, Rochelle entendió que T/N no solo había curado sus heridas físicas, sino que, de alguna manera, también estaba curando algo mucho más profundo dentro de ella.

A partir de ese momento, las cartas que se enviaban ya no solo contenían palabras de aliento. Ahora también contenían confesiones, promesas y el latido de un amor que, aunque aún sin palabras exactas, ya estaba latente en sus corazones.

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora