Romulus

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Romulus

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La luna llena reinaba en el cielo, su luz suave bañando el bosque y la aldea de los lobos con un resplandor plateado. Afuera, las fogatas chisporroteaban, y las voces se apagaban poco a poco mientras la manada comenzaba a retirarse a sus hogares, dejando tras de sí el eco de un día caótico. Dentro de la cabaña principal, el silencio era interrumpido solo por el leve sonido del viento que se colaba por las ventanas, trayendo consigo el olor a tierra húmeda y madera.

Romulus cerró la puerta detrás de él con un movimiento lento, cuidadoso. Sus ojos, brillantes como el ámbar bajo la luz de la luna, se posaron inmediatamente en T/N. Ella estaba de pie junto a la ventana, con el cabello dorado cayendo en suaves cascadas sobre su espalda, mientras peinaba distraídamente sus mechones con un cepillo de madera. La luz lunar parecía intensificar su belleza, resaltando los tonos cálidos de su piel y el azul intenso de sus ojos.

El corazón de Romulus dio un vuelco. En ese momento, parecía un sueño, una visión tan perfecta que temió parpadear y perderla. Con pasos decididos, pero silenciosos, se acercó a ella, deteniéndose justo detrás. Antes de que ella pudiera reaccionar, inclinó su cabeza y depositó un beso suave en la curva de su cuello, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía bajo su toque.


—¿Sabes lo hermosa que eres? —Murmuró, su voz profunda y cargada de emoción. Sus manos se deslizaron hacia sus brazos, acariciándolos con delicadeza mientras la atraía hacia su pecho.


T/N dejó caer el cepillo, girándose lentamente para enfrentarlo. Sus ojos buscaron los de Romulus, encontrando en ellos no solo el deseo, sino también un amor profundo y genuino. Sus mejillas se ruborizaron ligeramente mientras se mordía el labio inferior, un gesto que siempre lograba desarmarlo.


—Hoy me di cuenta de cuánto significas para mí, T/N—Romulus alzó una mano para acariciar su mejilla, sus dedos rozando su piel con la misma suavidad que si estuviera tocando algo sagrado—Haría cualquier cosa por ti. Eres mi vida, mi razón de ser.


Ella alzó una mano para cubrir la suya, inclinando su rostro hacia su palma en un gesto de total confianza. Su sonrisa era pequeña, pero llena de ternura.


—No necesitas prometerme nada, Romulus —Respondió con un tono apenas audible, como si temiera romper la magia del momento—Todo lo que haces ya supera cualquier sueño que podría haber tenido.


La intensidad del momento creció cuando Romulus la tomó suavemente por la cintura, acercándola más a él. Sus labios se encontraron en un beso que comenzó tímido, pero pronto se volvió más profundo, más apasionado. Era un lenguaje silencioso, una conversación que no requería palabras. Sus manos, fuertes pero cuidadosas, viajaron por la espalda de T/N, trazando cada curva con adoración mientras la recostaba con delicadeza sobre la suave cama que compartían.

El cabello de T/N se extendió como un halo dorado sobre la almohada, y sus ojos brillaban con una mezcla de emoción y confianza absoluta. Romulus se inclinó sobre ella, apoyando una mano a su lado mientras usaba la otra para apartar un mechón de cabello de su rostro.


—Eres un sueño, T/N. Mi sueño hecho realidad.


Ella sonrió, tímida pero llena de amor. Sus manos encontraron el torso de Romulus, deslizándose por su piel caliente mientras sentía los latidos acelerados de su corazón. Por un momento, sus ojos se cerraron, permitiéndose disfrutar de la sensación de estar completamente conectados con él, de entregarse al momento sin reservas.

Romulus bajó sus labios al cuello de T/N, depositando besos suaves que se convirtieron en pequeños mordiscos juguetones. Conocía cada punto sensible de su pareja, cada lugar que la hacía suspirar y estremecerse bajo su toque. Sus labios viajaron lentamente, dejando un rastro de calor por donde pasaban, mientras sus manos seguían explorando, trazando líneas invisibles en su piel.

T/N dejó escapar un gemido apenas audible, su cabeza cayendo hacia atrás mientras sus manos se aferraban a los hombros de Romulus. Él detuvo su avance por un momento, alzando la vista para observarla. Sus mejillas estaban teñidas de un rubor profundo, y sus labios, hinchados por los besos, formaban una pequeña sonrisa.


—Eres tan preciosa... —Murmuró, su voz ronca y llena de adoración.


Ella no respondió, simplemente lo atrajo hacia sí para besarlo nuevamente. Era un beso que hablaba de promesas silenciosas, de una conexión que iba más allá de lo físico. Era amor en su forma más pura, sin condiciones ni dudas.

La noche continuó envolviéndolos, y bajo la luz de la luna, T/N y Romulus se entregaron completamente el uno al otro. Cada caricia, cada susurro y cada beso eran una declaración de amor eterno, un recordatorio de que, a pesar de las dificultades, siempre se tendrían el uno al otro.

Cuando finalmente descansaron, T/N estaba acurrucada en el pecho de Romulus, sus respiraciones sincronizadas mientras él trazaba patrones distraídos en su espalda con la punta de los dedos.


—Te amo, mi luna —Murmuró Romulus, sus ojos cerrándose lentamente.


T/N alzó la vista para mirarlo, su sonrisa pequeña pero llena de felicidad.


—Y yo a ti, mi alfa. Para siempre.


Los dos cayeron en un sueño tranquilo, protegidos por la presencia del otro, sabiendo que su amor era fuerte, inquebrantable, y destinado a durar más allá del tiempo mismo.

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora