Jackson Jekyll

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Jackson Jekyll

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Monster High había visto toda clase de monstruos desfilar por sus pasillos, colas escamosas, garras afiladas, colmillos, alas, espectros flotantes y criaturas del más allá. Pero entre todas las sombras, había una presencia que destacaba no por su poder destructivo, sino por su calma etérea, una que parecía calmar incluso a los monstruos más inquietos.

T/N caminaba por el pasillo norte como una ráfaga suave de aire invernal. Sus pasos eran silenciosos, apenas perceptibles y cada vez que pasaba, una estela de escarcha danzaba por las paredes, apenas visible si la luz del sol se colaba por las ventanas. Su cabello largo, blanco con destellos plateados, flotaba levemente como si una brisa invisible lo peinara y sus ojos, dos orbes de hielo cristalino, parecían leer más allá de las palabras.

No hablaba mucho, no porque no quisiera, sino porque el silencio era su idioma natural.

Los demás estudiantes la miraban con una mezcla de admiración y distancia, como si se encontraran ante una criatura mítica que no debía ser interrumpida. Algunos decían que había nacido en lo alto de una montaña nevada en Japón, entre cerezos congelados y tormentas de nieve. Otros aseguraban que si te miraba a los ojos por mucho tiempo, podías ver tus recuerdos más fríos.

Jackson Jekyll no creyó ninguna de esas historias.

Porque la había visto sonreír.

Una vez, al doblar una esquina con sus libros a punto de caer, la había encontrado de pie frente a una ventana. Estaba viendo la lluvia helada. No se movía, no hablaba; pero sus labios se curvaron apenas cuando una gota se congeló en el cristal y luego, ella lo miró. Solo por un segundo. Lo suficiente para que su corazón tamborileara como si acabara de correr una maratón.

Desde entonces, no pudo dejar de buscarla.

Jackson sabía que no era exactamente alguien, inolvidable.

Tenía el cabello castaño revuelto por costumbre, gafas algo torcidas por accidentes constantes, y un tartamudeo ocasional cuando se ponía nervioso. Era educado, brillante en ciencias y con un gusto musical algo peculiar, según Holt, su otra mitad;  pero no era el tipo de chico que robaba miradas y sin embargo, había algo en él que T/N notó. Tal vez fue su sonrisa sincera o cómo se sonrojaba hasta las orejas cuando ella pasaba cerca, la forma en que la miraba como si fuese arte delicado que debía ser admirado en silencio.

Jackson tardó semanas en atreverse a acercarse.

Una tarde de invierno, se paró frente a su casillero, esperando. Llevaba suéteres encima de su abrigo, una bufanda azul marino enrollada sin lógica alrededor del cuello y un termo metálico entre las manos temblorosas. Cuando T/N llegó, el pasillo pareció llenarse de neblina.


—¡A-ah, hola! —Dijo, dando un respingo—Llegas justo a tiempo. E-esto... es para ti.


Ella lo miró, curiosa. No con frialdad, sino con esa calma absoluta que lo desarmaba.


—¿Chocolate caliente? —Preguntó con voz suave, extendiendo las manos.


Cuando sus dedos se rozaron, algo mágico ocurrió, un copo de nieve cristalizado apareció entre sus palmas. Flotó por un instante, girando sobre sí mismo y luego se deshizo con una pequeña explosión de luz. Jackson contuvo el aliento. T/N sonrió levemente. Ese gesto tan leve bastaba para hacer temblar el mundo entero de Jackson.


—Gracias —Murmuró ella—Tu calidez... me gusta.


Él parpadeó, atónito. Su corazón latía como loco.


—Y tu frío... no me molesta —Respondió, casi en un susurro—De hecho, creo que me gusta, porque es tuyo.


No necesitaban más palabras. Por un momento, todo a su alrededor pareció desaparecer, como si el pasillo hubiese sido atrapado dentro de un globo de nieve. T/N inclinó un poco su rostro. Sus labios rozaron la mejilla de Jackson con la suavidad de una pluma helada, dejando tras de sí un leve escalofrío y una sonrisa torpe en él.


—¿Vendrías conmigo esta noche al jardín congelado? —Susurró—Hay una nevada perfecta. Quiero que la veas... solo tú.


Esa noche, Jackson se encontró siguiendo huellas de escarcha que serpenteaban detrás del invernadero. No sabía qué esperaba exactamente, pero ciertamente no imaginaba lo que encontró.

Un jardín invernal.

Cristales de hielo pendían de las ramas como joyas delicadas. Las flores eran esculturas transparentes que reflejaban la luz lunar como si estuvieran hechas de diamante. El aire era frío, sí, pero no dolía. Era un frío suave, como el que invita a acurrucarse con una manta y mirar la nieve caer y en el centro, T/N lo esperaba. Su kimono de seda blanca flotaba en el aire como un suspiro, y su cabello brillaba con la luz plateada.


—¿Tú hiciste esto? —Preguntó él, maravillado.

Ella asintió—Cada noche, poco a poco. Este lugar... es mi corazón y ahora, es para ti.


Jackson sintió que se derretía por dentro. T/N extendió su mano y él, tembloroso, la tomó. Lo condujo al estanque congelado en el centro del jardín. Sus zapatos resbalaron al contacto con el hielo, pero ella lo sostuvo firme.


—Confía en mí —Dijo.


Jackson, como si nada más importara, confió.

Danzaron. Al principio, él solo se dejaba guiar, torpe y torcido, tropezando con sus propios pies. Pero pronto, el ritmo de la música invisible del jardín lo envolvió. Los copos de nieve caían en espiral, sus risas se mezclaban con el crujido suave del hielo y cada movimiento era como un poema de invierno. Se miraron, en medio del estanque helado, rodeados de flores congeladas y reflejos infinitos.


—No sé cómo lo haces—Dijo él, con la respiración entrecortada—Pero contigo... incluso mis miedos se disuelven.


T/N le acarició la mejilla con una mano helada. Jackson la sostuvo, sin temblar.


—Yo soy hielo —Dijo ella, con una ternura inesperada—Pero tú... tú eres mi llama.


Entonces lo besó. Fue un beso suave, sin prisas. Como un copo de nieve que se posa sobre la piel antes de derretirse. Como si el mundo se callara para que solo ellos existieran. Como si el frío y el calor encontraran, por fin, un lugar donde coexistir.

Desde aquella noche, comenzaron a verse más seguido. A veces en silencio, compartiendo un té caliente y un poco de escarcha. A veces, en la biblioteca, donde él estudiaba mientras ella creaba pequeños cristales sobre las esquinas de las páginas. En clase de ciencias, donde Jackson le explicaba teorías mientras ella creaba figuras geométricas de hielo que representaban átomos y aunque Holt Hyde solía burlarse de su "Noviazgo invernal", Jackson sabía que había algo especial allí. Porque por primera vez, no sentía que debía controlar quién era. T/N no le temía. Ni a él, ni a Holt.


—Tu otra mitad no me asusta —Le dijo una vez—Solo necesita encontrar su equilibrio. Como tú y yo.


Era sencillo y era perfecto. No necesitaban grandes gestos. Solo una mirada. Un roce de manos. Un jardín secreto. Un beso bajo la nieve.


Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora