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Romulus
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La luz de la luna llena iluminaba la aldea mientras T/N, envuelta en sus tareas diarias, comenzaba a sentir que su cuerpo no respondía como de costumbre. Habían pasado varias semanas desde aquella noche mágica bajo las estrellas, y aunque inicialmente sus síntomas parecían insignificantes, los mareos y la fatiga se habían vuelto más frecuentes. Esa noche, mientras ayudaba a las demás mujeres a extender ropa en los tendederos, sintió un vértigo repentino.
Su visión se nubló, y antes de poder sostenerse de algo, su cuerpo cedió. Cayó al suelo suavemente, escuchando vagamente los gritos alarmados de las demás antes de que todo se volviera negro.
Romulus, que estaba de regreso de Monster High y apenas había cruzado el límite de la aldea, sintió el aire cargado de tensión. Las voces alteradas de la manada lo pusieron en alerta, y sin perder un segundo, corrió hacia el lugar de donde provenían. Su corazón se detuvo al verla en el suelo, rodeada por las demás lobas que intentaban ayudarla.
—¡T/N! —Rugió, apartando a los demás con un movimiento protector de sus brazos mientras se arrodillaba a su lado.
Tomó su rostro entre sus manos, notando la palidez de su piel y cómo su respiración, aunque estable, parecía más lenta de lo normal. Con cuidado, la cargó en brazos, ignorando las preguntas de los demás.
—¿Qué le pasó? —Preguntó con un tono que mezclaba furia y preocupación, mientras su mirada buscaba respuestas en las demás lobas.
—No lo sabemos —Respondió una de ellas con voz temblorosa—Simplemente cayó.
Romulus no esperó más explicaciones. Giró sobre sus talones y corrió hacia la cabaña de la curandera, su mente llena de imágenes de T/N sonriente, fuerte y viva. Verla así lo destrozaba, pero su determinación de protegerla era más fuerte que cualquier miedo.
La curandera, una loba anciana de ojos sabios y manos hábiles, abrió la puerta antes de que Romulus pudiera llamar. Había sentido la urgencia en el aire.
—Entren rápido —Ordenó, apartándose para dejarles paso.
Romulus colocó a T/N con cuidado sobre un colchón de hierbas suaves que la curandera usaba para sus pacientes. La anciana comenzó a examinarla con movimientos precisos, olfateando el aire a su alrededor y presionando suavemente ciertas partes de su abdomen. Romulus permanecía de pie junto a ellas, sus ojos amarillos brillando de preocupación.
—¿Qué le pasa? —preguntó con voz grave.
La curandera levantó una mano para indicarle que esperara. Tras unos momentos de silencio, una sonrisa apareció en sus labios.
—Está bien, alfa. Tu compañera no está enferma. Lo que siente es porque... —La curandera miró a Romulus con calidez—Hay una nueva vida creciendo dentro de ella.
Romulus parpadeó, procesando esas palabras. Sus ojos, que minutos antes estaban llenos de temor, ahora brillaban con incredulidad.
—¿Una nueva vida?
La curandera asintió, su voz calmada pero emocionada.
—Estás a punto de ser padre.
T/N comenzó a abrir los ojos lentamente, su mirada encontrándose con la de Romulus, que se había arrodillado a su lado. La preocupación en sus facciones se transformó en un destello de alegría pura cuando tomó su mano con delicadeza.
—Amor... —Susurró ella, confundida— ¿Qué pasó?
Romulus acarició su rostro con ternura, inclinándose para besar su frente.
—Estás bien, mi amor. Mejor que bien—Su sonrisa se ensanchó, y sus palabras salieron con una mezcla de emoción y orgullo—Vamos a tener un cachorro.
T/N parpadeó, aturdida por la revelación. Llevó instintivamente una mano a su vientre, sus ojos llenándose de lágrimas al comprender lo que Romulus decía.
—¿De verdad? —Preguntó en un susurro.
Romulus asintió, apoyando su frente contra la de ella.
—Es un milagro, T/N. Nuestro milagro.
Cuando regresaron a la aldea, la noticia corrió como fuego entre la manada. Una celebración improvisada se organizó esa misma noche, con un gran banquete bajo la luz de la luna llena. Los lobos mayores compartían historias de nacimientos pasados, mientras los jóvenes bailaban y reían en honor a la nueva vida que estaba en camino.
La aldea entera estaba unida, como una familia gigante, y T/N era el centro de atención. Las mujeres se acercaban para felicitarla, mientras los hombres ofrecían su lealtad al alfa, prometiendo proteger a la familia que estaba por crecer.
Romulus, sin embargo, permanecía cerca de T/N, cuidándola como si fuera el tesoro más valioso del mundo. Cuando la celebración comenzó a calmarse, él la tomó de la mano y la llevó a un lugar apartado bajo un viejo roble, donde la luz de la luna los bañaba en su resplandor.
Se arrodilló frente a ella, mirando su vientre con devoción. Con movimientos cuidadosos, acercó su rostro hasta casi tocarlo, sus ojos cerrándose mientras sus manos descansaban suavemente sobre su cintura.
—Gracias por este regalo, T/N —Susurró su voz cargada de emoción—No puedo esperar para conocer a nuestro cachorro, para verlo crecer y enseñarle todo lo que sé.
T/N, conmovida hasta las lágrimas, acarició el cabello de Romulus mientras él besaba su vientre con amor.
—Y yo no puedo esperar para verlo contigo, Romulus. Será fuerte y valiente, como su padre.
Romulus levantó la mirada, sus ojos brillando con una mezcla de amor y promesa.
—Y amado, como su madre.
El futuro se extendía ante ellos, brillante y lleno de esperanza. Bajo la luz de la luna y rodeados por el amor de su manada, Romulus y T/N sabían que su historia apenas comenzaba, y que juntos podían enfrentar cualquier desafío que la vida les pusiera en el camino.
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Monster High - One shots
Fanfiction¡Bienvenidos a este one-shots de Monster High! Espero que les gusten estás minis historias de cada uno de estos personajes. ¡Espero que le gusten!
