Gillington (Gil) Webber

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Gillington "Gil" Webber

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En Monster High, donde cada rincón se impregnaba de historia monstruosa y risas peculiares, había un ala olvidada, un espacio antiguo que solo algunos pocos recordaban. Era el viejo acuario del ala este. Ya no se usaba oficialmente, pues la tecnología había evolucionado y los nuevos tanques estaban en mejores condiciones, más cercanos a los salones principales; pero a Gillington "Gil" Webber, ese lugar le ofrecía paz.

Allí, entre algas marchitas y filtros que apenas burbujeaban, Gil se sumergía dentro de su traje especial, conectando su concha-mp3 a sus aurículas internas y flotando en silencio. Era uno de los pocos espacios donde podía estar solo con sus pensamientos, lejos del bullicio, del juicio, de las miradas.

Sin embargo, una noche tormentosa cambió todo.

Fuera del instituto, la lluvia golpeaba con insistencia los grandes ventanales, como si los cielos mismos quisieran entrar al lugar. Gil, acostumbrado a ese clima, no le dio importancia. Tomó su casco, activó su sistema de respiración interna y fue directo al viejo acuario. Pero al entrar, algo fue distinto. La sala tenía un leve resplandor azulado, casi imperceptible. Se detuvo en seco. Dentro del tanque principal, el más profundo y oscuro, una silueta se movía con gracia, flotando como si perteneciera a otro mundo.

Con cautela, Gil se acercó. Sus branquias temblaban, no por miedo, sino por una sensación desconocida, como si una corriente nueva recorriera su interior. Apoyó las manos en el vidrio y esperó.

La figura se giró lentamente y entonces la vio.

T/N.

Era la nueva estudiante, aunque nadie sabía mucho de ella. Su apariencia era hipnótica. Tenía ojos grandes y redondos, adaptados a la oscuridad, como los de una criatura de las profundidades abisales. Su piel se matizaba en violetas y azulados que variaban con la luz. De su espalda, finos filamentos bioluminiscentes danzaban con cada movimiento, brillando con una delicadeza que parecía casi mágica.

Ella también lo había visto. Se acercó al vidrio desde dentro del tanque, con movimientos lentos y calculados, como si no quisiera asustarlo. Sus labios se movieron, pero su voz fue tan baja que Gil apenas pudo oírla.


—¿Eres... de la superficie?—Preguntó.

Gil tragó saliva, sorprendido—Nací en un arrecife... no tan profundo como de donde vienes tú, supongo. ¿Eres... de la zona abisal?


Ella asintió.


—Nunca subimos tanto. Pero... Monster High me pareció fascinante y... también tú.


Desde ese momento, una corriente invisible los unió. Cada día, Gil encontraba una excusa para volver al acuario. Y allí estaba T/N, flotando en su mundo silencioso, observando el suyo con ojos curiosos. Pronto, los tanques se volvieron su sitio secreto; pero su amistad no tardó en ser cuestionada. T/N era distinta. Su forma de hablar, casi susurrante, su sensibilidad a la luz, su timidez casi animal. Incluso otros monstruos marinos no sabían cómo reaccionar ante ella. Algunos la llamaban "La criatura abisal" con cierto desdén.

Gil, por el contrario, se sentía cada vez más conectado a ella. Aprendió a leer su lenguaje corporal, a interpretar los cambios de color en sus filamentos como emociones, el azul era tranquilidad, el violeta temor, el rosado curiosidad.

Una tarde, el profesor Ribjaw anunció un proyecto en parejas para la clase de Ciencias Monstruosas. Tema Adaptaciones en ambientes extremos. Gil, sin pensarlo, pidió trabajar con T/N. Ella dudó. Hablar en frente de los demás la aterraba; pero Gil tomó su mano, notando su frialdad suave, como el agua profunda y le sonrió.


—Tú eres la voz de lo desconocido, T/N. Enséñales lo que nunca verían sin ti.


El día de la presentación, el salón se oscureció. T/N se colocó en el centro, temblando un poco. Pero entonces, sus luces comenzaron a brillar con un ritmo constante. Su voz salió suave; pero clara.


—En las profundidades, donde la luz no alcanza, las criaturas deben crear la suya propia...


Mientras hablaba, sus movimientos eran acompañados por estelas de luz que pintaban el aire con suaves trazos azules. Habló de peces con mandíbulas enormes, de presiones que destruirían cualquier cuerpo sin adaptación, de la soledad eterna que implicaba nacer donde nadie llega. Cuando terminó, el salón se mantuvo en silencio unos segundos. Luego, lentamente, empezaron los aplausos. Algunos sinceros, otros sorprendidos; pero todos impresionados.

Esa noche, de vuelta en el viejo tanque, Gil nadó a su encuentro. T/N flotaba cerca del fondo, su brillo suave como una brasa marina. Al verlo, parpadeó un resplandor rosado desde su pecho.


—Gracias por confiar en mí—Dijo él, acercándose con calma—Y por mostrarles tu luz.


Ella extendió su mano. Sus dedos eran largos y transparentes, cubiertos por una membrana que vibraba con la corriente y rozó la mejilla de Gil.


—Contigo... no todo parece tan oscuro.


Se miraron por unos segundos y entonces, en esa quietud acuática, sus labios se encontraron. Fue un beso tibio y tranquilo, un contacto leve pero profundo. Sus filamentos se encendieron con un resplandor suave y Gil, por un instante, se sintió parte del abismo. No como un intruso, sino como alguien aceptado.

A partir de ese momento, fueron inseparables. Gil la ayudó a adaptarse poco a poco a la superficie, usando lentes especiales, entrenando su oído con sonidos graduales, traduciéndole los gestos rápidos del mundo exterior y T/N, en silencio, le enseñó a ver más allá del ruido. Le mostró que, incluso en la oscuridad más profunda, había belleza, había calma, había vida.

Juntos, eran como dos corrientes que se entrelazan, una de arrecife, otra de abismo. Opuestos, pero no enemigos. Complementarios. Unidos por una luz que solo ellos podían ver y en Monster High, donde cada historia es única, la de Gil y T/N se convirtió en un susurro entre los pasillos, una leyenda submarina de amor entre mundos que nadie había conectado antes.

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora