Neighthan Rot

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Neighthan Rot

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Desde el momento en que Neighthan Rot puso sus ojos en T/N, supo que su vida nunca volvería a ser la misma. Ella era diferente, pero no de la manera en la que él estaba acostumbrado a sentirse diferente. T/N era una libélula, un ser radiante, cuya presencia llenaba cualquier habitación de una calidez indescriptible. Para Neighthan, que siempre había vivido con su naturaleza híbrida entre la vida y la muerte, ella era como un faro en medio de su torpeza y caos.


—Neighthan, cuidado —Rió T/N, justo cuando él tropezaba con una rama y caía de espaldas.

—Lo tenía todo bajo control —Dijo él con una sonrisa avergonzada mientras su cuerno brillaba débilmente, curándose la pequeña herida en la rodilla.


Ella le ofreció la mano y lo ayudó a levantarse, sin poder evitar reírse un poco.


—¿Estás seguro? Porque diría que el suelo y tú tienen un romance secreto —Bromeó.


Neighthan se ruborizó, aunque su piel gris lo disimulaba bien.


—La verdad es que el único romance en mi vida que me interesa... eres tú.


El comentario tomó a T/N por sorpresa, y sus mejillas adquirieron un leve tono dorado, un efecto de la magia que corría por su ser. No importaba cuántas veces Neighthan le dijera algo dulce, siempre lograba hacerla sentir mariposas en el estómago.

Desde ese día, los dos se volvieron inseparables. A pesar de sus diferencias, parecían complementarse a la perfección. Cuando Neighthan era torpe y tropezaba con todo, T/N estaba ahí para sostenerlo. Y cuando ella se sentía insegura o sobrecargada por la presión de su naturaleza luminosa, él le recordaba que incluso la luz más brillante necesitaba descansar a veces.


...


Una tarde, caminaban juntos por un campo de girasoles, las flores inclinándose ligeramente hacia T/N, atraídas por su brillo. Neighthan sonrió al verla acariciar los pétalos con ternura.


—Son hermosos —Susurró ella.

—También se inclinan hacia ti, como si fueras su propio sol —Comentó él, tomando una flor y deslizándola con cuidado entre el cabello de T/N.


Ella lo miró con dulzura, y por un momento, todo parecía detenerse. Sin dudarlo, T/N se acercó y depositó un beso suave en su mejilla. Neighthan sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pero no de frío, sino de una calidez inexplicable.

Había momentos en los que simplemente se sentaban bajo las estrellas, ella con su cabeza apoyada en el pecho de él, sintiendo el latido lento pero constante que le recordaba que, aunque tuviera parte de zombi, Neighthan estaba lleno de vida.


—¿Sabes? —Susurró ella una noche— A veces siento que tengo que ser perfecta todo el tiempo. Como si no pudiera mostrar debilidad.


Neighthan la miró con ternura y acarició su cabello con delicadeza.


—Eso es una tontería —Dijo—No tienes que ser perfecta. Solo tienes que ser tú. Y eso ya es suficiente.


Ella sonrió y entrelazó sus dedos con los de él.


—¿Y tú? ¿Alguna vez te cansas de siempre estar tropezando con todo?


Él se río.


—Si cobrara por cada vez que me caigo, ya sería millonario.


Los dos estallaron en carcajadas, sabiendo que, sin importar cuántas veces cayeran-ya fuera literal o emocionalmente-siempre estarían ahí para ayudarse a levantar.


...


Un día lluvioso, Neighthan llegó empapado hasta la casa de T/N con una sonrisa traviesa.


—Ven conmigo —Le dijo, extendiendo la mano.

—¿Bajo la lluvia? —Preguntó ella, levantando una ceja.

—Bajo la lluvia —Confirmó él.


Ella tomó su mano y juntos corrieron por el prado mojado, riendo y chapoteando en los charcos como niños. T/N giró sobre sí misma, extendiendo los brazos, dejando que la lluvia refrescara su piel luminosa. Neighthan la miraba embelesado, como si fuera la cosa más maravillosa que había visto en su vida.

En un impulso, la atrajo hacia él y sin pensarlo, la besó bajo la lluvia. Fue un beso tierno, lleno de promesas silenciosas. Cuando se separaron, ambos estaban sin aliento, pero con sonrisas radiantes.


—Siempre voy a tropezar —Dijo Neighthan, apoyando su frente contra la de ella—pero mientras sea contigo quien me ayude a levantarme, no me importa.


T/N acarició su mejilla y asintió.


—Entonces nunca te dejaré caer solo.


Desde ese día, su amor brilló como la luz de la libélula y perduró como el alma inmortal de Neighthan.

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora