Elissabat

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Elissabat

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La mansión de Elissabat parecía más majestuosa bajo la tenue luz de la luna. Las ventanas góticas proyectaban sombras alargadas sobre los pasillos, mientras el viento hacía bailar las pesadas cortinas de terciopelo. Era un lugar lleno de historia, un testimonio silencioso de los siglos que habían pasado desde que fue construida. Sin embargo, esa noche, el eco de pasos suaves rompió la serenidad.

Elissabat estaba en su estudio privado, un espacio amplio adornado con estanterías repletas de libros antiguos, guiones de teatro y pergaminos con sellos reales. Un candelabro iluminaba tenuemente el cuarto, su luz reflejándose en el escritorio de madera tallada donde la Reina Vampiro repasaba documentos oficiales. Vestía su característico atuendo morado y negro, con la falda de tul esparcida a su alrededor como si fuera una sombra viviente. Pero, aunque su postura era erguida y regia, sus hombros estaban tensos, y sus ojos rosados mostraban signos de agotamiento.


—Te encontré, mi reina incansable —Dijo una voz melodiosa desde la puerta.


Elissabat levantó la mirada y vio a T/N, quien había entrado silenciosamente. La gorgona era una presencia imponente y fascinante, con su piel oliva que parecía brillar bajo la luz de las velas y su cabello, una maraña de serpientes vivas que se movían con un ritmo propio. Las criaturas parecían compartir el estado de ánimo de su dueña: algunas serpientes observaban a Elissabat con curiosidad, mientras otras se enrollaban entre sí en un gesto de calma. T/N llevaba un vestido de tela fluida, una mezcla de estilo moderno y clásico, con bordados que evocaban los patrones de las estatuas griegas. Sus ojos, de un verde esmeralda profundo, capturaban una mezcla de firmeza y ternura.


—¿Cuánto tiempo llevas aquí, trabajando sin descanso? —Preguntó T/N mientras cerraba la puerta detrás de ella y avanzaba con gracia hacia Elissabat.

—Quizá toda la noche, o solo unas horas. He perdido la noción del tiempo —Admitió la vampira, dejando el pergamino que tenía en las manos sobre el escritorio. Su sonrisa era suave, pero su cansancio era evidente.

—Sabes que no dejaré que te desgastes de esta forma —Dijo T/N, deteniéndose a su lado y cruzando los brazos. Una de las serpientes se inclinó hacia Elissabat, como si también estuviera preocupada—Eres una reina, sí, pero también eres mi pareja. Y eso significa que es mi deber asegurarme de que no te exijas demasiado.

Elissabat se rió suavemente, el sonido como el eco de un carillón—¿Mi pareja o mi guardiana personal? A veces me pregunto si no eres ambas cosas.

T/N arqueó una ceja y sonrió con suficiencia—Ambas, absolutamente. Ahora, ven aquí—Sin esperar una respuesta, T/N tomó la mano de Elissabat y la guio hacia una amplia silla junto a la ventana, desde donde la luz de la luna bañaba el cuarto con un brillo etéreo.

La vampira se dejó llevar, curiosa por lo que T/N tenía en mente—¿Qué estás planeando ahora? —Preguntó con un destello de diversión en su voz.

—Un poco de cuidado real —Respondió T/N, tomando asiento detrás de ella. 


Sus manos firmes pero delicadas comenzaron a masajear los hombros tensos de Elissabat, sus dedos encontrando con precisión los puntos de tensión. Las serpientes, como si entendieran la importancia del momento, permanecieron en calma, algunas observando mientras otras descansaban sobre los hombros de T/N.

Elissabat cerró los ojos y dejó escapar un suspiro profundo, sintiendo cómo sus músculos se relajaban bajo el toque de su pareja. 


—Tus manos son mágicas —Murmuró, inclinando ligeramente la cabeza para darle mejor acceso.

—Si lo son, es solo porque estoy encantada por ti —Respondió T/N con suavidad. Su tono mezclaba ternura y un leve matiz juguetón que hizo que Elissabat sonriera.


Los minutos pasaron en un silencio cómodo, roto solo por el sonido de la respiración de ambas y el ocasional siseo de las serpientes que se movían con un ritmo casi hipnótico. Las manos de T/N trabajaban con dedicación, liberando la acumulación de estrés que pesaba sobre Elissabat.


—¿Sabes? —Dijo T/N finalmente, inclinándose para susurrar cerca del oído de Elissabat— A veces pienso en lo irónico que es que seas tan poderosa, pero que no sepas cuándo detenerte.

Elissabat abrió los ojos y giró ligeramente la cabeza para mirarla. Sus ojos rosados brillaban con gratitud y algo más profundo—Por eso te tengo a ti ¿No? Para recordarme cuándo necesito un respiro.

—Exactamente —Respondió T/N, inclinándose para dejar un beso en la frente de la vampira. Una serpiente también se movió para acariciar suavemente la mejilla de Elissabat, provocando una risa suave de ambas.

Cuando T/N terminó el masaje, se movió para sentarse frente a Elissabat, tomando ambas manos de la vampira entre las suyas—Prométeme que no volverás a trabajar hasta el amanecer. Una noche de descanso no te hará menos reina, pero sí te hará una mejor versión de ti misma.

Elissabat apretó las manos de T/N con suavidad—Te prometo que descansaré, pero solo si pasas el resto de la noche aquí conmigo. No quiero estar sola.

—No planeaba ir a ningún lado —Dijo T/N con una sonrisa cálida.


Y así, bajo la luz plateada de la luna, ambas compartieron un momento de tranquilidad y amor en la antigua mansión, un recordatorio de que incluso en medio de las responsabilidades y el estrés, siempre habría un lugar para la devoción y el cuidado mutuo.

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora