Kieran Valentine

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Kieran Valentine

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El aire dentro de la mansión de Kieran Valentine tenía un peso especial esa noche, cargado de un silencio elegante interrumpido únicamente por el ocasional crujido de la madera antigua bajo los pies de T/N. La joven sostenía entre sus manos un conjunto recién terminado, una obra maestra de diseño que mezclaba lo clásico y lo moderno, reflejando no solo el estilo de su novio, sino también la dualidad de su propia esencia. Sus pasos resonaron mientras cruzaba el vasto salón principal, donde Valentine la esperaba con una tranquilidad que solo un vampiro podría ostentar.

La mansión era un testamento al tiempo y la sofisticación, un lugar que parecía estar congelado en la época de los grandes castillos. Columnas de mármol negro se alzaban hacia un techo adornado con frescos en tonos oscuros, donde ángeles y demonios parecían danzar en un duelo eterno. Las ventanas estaban cubiertas por pesadas cortinas de terciopelo rojo, dejando entrar solo un rayo de luz de luna que iluminaba tenuemente el rostro de Valentine mientras esperaba. Él estaba junto al piano de cola, un artefacto que parecía tan eterno como su propia existencia.

Cuando T/N entró, Valentine alzó la mirada de inmediato, sus ojos rosados brillando con un interés que siempre reservaba solo para ella. Su cabello castaño oscuro, desordenado pero encantador, enmarcaba un rostro que parecía esculpido por los dioses. Sus labios, curvados en una sonrisa ladeada, llevaban consigo la promesa de un comentario sarcástico.


—Mi querida T/N, llegas con la gracia de una brisa nocturna —Dijo su falso acento sureño impregnando cada palabra de un tono melodioso, aunque el destello en sus ojos sugería que estaba a punto de agregar algo más provocador—Y tan imponente como siempre.

Ella arqueó una ceja, acostumbrada ya a su teatralidad—Y tú, Valentine, pareces más ansioso de lo usual ¿Acaso temes que este atuendo no esté a la altura de tu impecable ego? —Respondió, sosteniendo la chaqueta con un gesto deliberado.


La risa baja y seductora de Valentine resonó en la habitación, como si su voz estuviera hecha para llenar espacios como aquel. Dio un paso hacia ella, moviéndose con la fluidez de un depredador que no necesitaba apresurarse. Su camisa blanca impecable, combinada con un chaleco negro, lo hacía parecer aún más un lord de tiempos antiguos.


—Dudo que cualquier cosa hecha por tus manos pueda decepcionarme, amor mío —Murmuró, acercándose lo suficiente para que T/N pudiera sentir el leve frío de su presencia—Pero debo admitir, siempre disfruto verte trabajar. Hay algo en tu concentración que me resulta... hipnótico.

T/N no se dejó intimidar, aunque no pudo evitar una sonrisa satisfecha. Se acercó más, extendiéndole la chaqueta—Siéntate Valentine. Necesito ajustar los últimos detalles.


Él levantó las manos en un gesto de falsa rendición, dejando que ella tomara el control, algo que le resultaba tan intrigante como placentero. Valentine se dejó caer en un elegante sillón, estirando sus largas piernas mientras la observaba con una mezcla de devoción y picardía. T/N comenzó a colocar la chaqueta sobre sus hombros, asegurándose de que cada costura cayera perfectamente. Sus dedos rozaban ocasionalmente su piel, enviando escalofríos que Valentine no se molestó en ocultar.


—¿Sabes algo? —Dijo él de repente, rompiendo el silencio que se había formado mientras ella trabajaba—Creo que esta es la única vez que no siento la necesidad de actuar. Contigo, quiero decir.


T/N se detuvo un momento, sorprendida por la confesión. Lo miró directamente a los ojos, buscando un rastro de su típica burla, pero no encontró nada más que sinceridad. Valentine era un maestro en el arte de las máscaras, pero en ese instante parecía haberlas dejado caer por completo.


—¿Y eso debería halagarme? —Preguntó, aunque su tono era suave, casi vulnerable.


Él alzó una mano para rozar suavemente su mejilla, el frío de sus dedos contrastando con la calidez que había en su mirada—Debería. Porque significa que me importas más de lo que debería admitir. Y eso mi reina, es un riesgo que estoy dispuesto a correr.


T/N sonrió, inclinándose hacia él con una confianza tranquila—Entonces ¿Por qué no dejas de hablar y me muestras cuánto te importo?


Valentine dejó escapar otra risa baja, pero antes de que pudiera responder, ella lo calló ajustando la corbata que llevaba al cuello con un tirón firme. Él levantó una ceja, encantado por su audacia.


—Eres un caso perdido, T/N —Susurró, pero no pudo evitar inclinarse hacia ella. Su beso fue lento, casi reverente, como si quisiera capturar la esencia de su conexión en ese momento.


Cuando se separaron, Valentine tomó su mano entre las suyas, llevándola a sus labios una vez más. Esta vez, dejó un beso firme, casi simbólico, contra su piel.


—Mi reina —Murmuró, las palabras cargadas de una devoción que iba más allá de lo romántico, como si ella fuera la única cosa en su inmortalidad que realmente importaba.


T/N sonrió, sus ojos brillando con una mezcla de orgullo y afecto—Y tú siempre serás mi inspiración, Valentine. Ahora, levántate. Quiero ver cómo luces de pie.


La noche continuó con ambos moviéndose entre juegos de palabras y momentos de sinceridad, cada uno reafirmando el lazo inquebrantable que los unía. En la mansión de Valentine, donde las sombras y la luz parecían eternamente atrapadas en un baile, ellos encontraron su propio equilibrio entre la oscuridad y la pasión.

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora