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Rochelle Goyle
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El aire de Monster High siempre tenía un algo especial, un ambiente cargado de misterio y emoción que, para Rochelle Goyle, nunca perdía su encanto. Las largas sombras proyectadas por las columnas góticas del colegio jugaban con la luz que se colaba entre las ventanas de vitrales rotos, reflejando destellos de colores sobre los muros de piedra. La gárgola caminaba con paso firme por los pasillos del Salón Principal, el sonido de sus botas resonando suavemente en el suelo mientras su largo cabello rosado fluía detrás de ella. Las mechas verde azulado pálido que atravesaban su melena se movían con el viento como si fueran plumas en una corriente.
Rochelle tenía una apariencia única, un equilibrio entre lo antiguo y lo moderno, lo clásico y lo inquebrantable. Su cuerpo de piedra no solo la hacía visualmente impresionante, sino que la aislaba de muchas actividades que otros estudiantes disfrutaban sin pensar, como bailar o nadar. Su rostro, con grandes ojos rosados que brillaban con intensidad, parecía una mezcla entre lo animal y lo humano. Su nariz era prominente y un poco tosca, un recordatorio de su naturaleza gárgola. Tenía alas de piedra que se desplegaban en su espalda y orejas en forma de ala que se alzaban en la parte superior de su cabeza, lo que solo incrementaba su aire enigmático y majestuoso.
Desde su llegada a Monster High, había sentido una especie de contradicción interna. Por un lado, quería conocer todo lo que el mundo tenía para ofrecer, aprender de los monstruos más extraordinarios y entender el funcionamiento del caos y el orden que definían la vida de los demás. Por otro, a veces se sentía perdida entre tanta diversidad, como si su deseo de ser más que una simple gárgola la apartara de su propio lugar en el mundo. Había crecido en el silencio monótono de un tejado cercano a una gran catedral, rodeada solo por otras gárgolas que, con el tiempo, comenzaron a desagradarle. La mayoría de ellas vivía inmersa en una rutina inmutable, observando el mundo desde su inmovilidad, sin querer comprender más allá de lo que conocían. Rochelle, en cambio, siempre estuvo insatisfecha con esa pasividad. Quería romper las barreras de lo conocido y desafiar todo lo que siempre había sido su mundo.
Esa sensación de inquietud era lo que la impulsaba a ser diferente. Su actitud protectora era la herencia de su crianza entre las frías piedras de la iglesia, pero también un reflejo de la fuerza que necesitaba para protegerse a sí misma. A veces se sentía como una especie de guardiana, siempre alerta ante el peligro, especialmente cuando se trataba de sus seres queridos. Si alguien se metía con los que amaba, su agresividad salía a flote sin previo aviso, sin medir las consecuencias. Aunque sus intenciones siempre eran buenas, su naturaleza de gárgola a veces la empujaba a tomar decisiones impulsivas que no siempre eran bien recibidas por los demás.
Aquel día, sin embargo, no tenía ganas de confrontaciones. El peso de sus pensamientos la abrumaba. Su mirada fija en el pasillo parecía perdida en algún punto lejano, como si tratara de encontrar respuestas que no podía descifrar por sí sola. Entonces, sin previo aviso, la voz de T/N la alcanzó.
—¿Cómo estás Rochelle?—La voz rebelde y despreocupada de T/N se escuchó detrás de ella, haciéndola volver a la realidad—Pareces pensativa ¿Todo bien?
Rochelle se giró para encontrar a su novia, quien siempre sabía cómo captar su atención, incluso cuando ella misma se sentía completamente fuera de lugar. T/N, con su personalidad audaz y su desdén por las reglas, parecía la antítesis perfecta de Rochelle. Mientras la gárgola se perdía en sus pensamientos filosóficos, T/N vivía el presente, disfrutaba de la vida sin dejar que nada la detuviera. Su actitud rebelde contrastaba con la naturaleza seria y protectora de Rochelle, pero había algo en su manera de ser que siempre había atraído a la gárgola, como una brisa fresca en un día caluroso.
Rochelle suspiró, liberando algo de la tensión que sentía en su pecho—Solo... mucho en la cabeza, T/N—Respondió, su voz más suave de lo habitual—A veces siento que tengo que cargar con todo, con los problemas de todos. Es como si esperaran que siempre tenga las respuestas, pero no siempre sé qué hacer.
T/N se acercó, sus pasos ligeros como el viento. Sabía lo que Rochelle necesitaba, y sin pensarlo, sacó de su mochila una rosa roja, su tallo largo y elegante, acompañada de una pequeña carta escrita a mano—Aquí tienes, mi gárgola preciosa—Le dijo con una sonrisa traviesa, entregándole el regalo—Sé que tienes muchas responsabilidades, pero a veces es necesario soltar un poco. No todo tiene que ser tan serio ¿Sí?
Los ojos de Rochelle se iluminaron al ver la rosa. Ese pequeño gesto de cariño, esa forma en que T/N siempre la sorprendía, la hizo sonrojarse levemente. Ella, que había sido tan dura consigo misma, encontró consuelo en la simplicidad del regalo. La carta, escrita con una caligrafía delicada, contenía unas palabras sencillas pero profundas: "No necesitas ser perfecta para ser valiosa, Rochelle. La belleza está en ser tú misma, incluso cuando te sientas perdida."
—Gracias T/N—Dijo Rochelle, tomando la rosa con delicadeza. Un nudo en su garganta comenzó a deshacerse. La tensión acumulada por semanas, el peso de sus responsabilidades, parecía aligerarse solo por un momento de paz—A veces olvido que no todo tiene que ser tan complicado. Me preocupo demasiado por los demás y me olvido de cuidarme a mí misma.
T/N sonrió con ternura, acercándose un poco más hasta estar justo frente a ella. Sus dedos se entrelazaron suavemente con los de Rochelle—No tienes que hacerlo todo sola ¿Sabes? Yo estoy aquí para ti. No siempre tendrás todas las respuestas, y está bien. Yo te apoyaré en todo lo que pueda, incluso cuando sientas que no eres suficiente. Porque para mí, siempre lo serás.
Rochelle cerró los ojos un momento, sintiendo el calor de las palabras de T/N. Sentía como si, por primera vez en mucho tiempo, pudiera dejar ir un poco de su carga. La vida en Monster High era tan intensa y llena de desafíos, pero tener a alguien como T/N a su lado hacía que todo pareciera más llevadero. A veces, Rochelle olvidaba lo importante que era permitirse ser vulnerable, permitirse ser cuidada y, sobre todo, ser amada tal como era.
—Te quiero—Susurró Rochelle, mirando a T/N con una intensidad que reflejaba lo profundo de su afecto—Y a veces siento que no merezco tanto amor. Pero, con cada día, me doy cuenta de que lo necesito más de lo que pensaba.
T/N sonrió con dulzura, pasando un dedo por la mejilla de Rochelle—Nunca dudes de lo que mereces, mi gárgola. El amor no se mide por lo que podemos dar a los demás, sino por lo que nos permitimos recibir. Y yo estoy aquí para recibirlo contigo.
Con esas palabras, Rochelle sintió cómo una paz profunda la envolvía. Aunque todavía quedaban muchos desafíos por delante, al menos sabía que no estaba sola en su viaje. T/N siempre estaría ahí para ofrecerle apoyo, amor y, sobre todo, ese toque rebelde que le recordaba que la vida, al final, era más que una serie de responsabilidades.
Esa tarde, Rochelle decidió que podría relajarse un poco. Tal vez no tuviera todas las respuestas, tal vez no pudiera proteger a todos a su alrededor todo el tiempo, pero con T/N a su lado, al menos podía compartir sus miedos y desafíos. Y en ese momento, eso era suficiente.
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Monster High - One shots
Fiksyen Peminat¡Bienvenidos a este one-shots de Monster High! Espero que les gusten estás minis historias de cada uno de estos personajes. ¡Espero que le gusten!
