Lagoona Blue

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Lagoona Blue

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El ambiente de Monster High parecía diferente últimamente para Lagoona Blue. Estaba sentada en el borde de la piscina, dejando que sus pies colgaran en el agua mientras observaba cómo las ondulaciones rompían el reflejo del cielo. En su regazo, su pequeña piraña, Neptuna, daba pequeños mordiscos juguetones a un trozo de alga que Lagoona sostenía distraídamente.

La piscina había sido su refugio desde que Gil Weber rompió con ella hacía unas semanas. Lo que antes era su lugar feliz, ahora parecía un recordatorio cruel de los momentos que habían compartido. Cada ola, cada burbuja le devolvía un eco de risas pasadas, risas que ahora parecían lejanas y vacías.

Aquel día seguía fresco en su memoria. Gil la había citado detrás del gran acuario de Monster High, donde la luz del sol atravesaba los paneles de vidrio para pintar sombras danzantes en el suelo. Lagoona pensó que tal vez quería sorprenderla con una de sus ideas románticas, como cuando le había regalado flores de coral después de una competición de natación.

Pero cuando llegó y vio su expresión, supo que algo no estaba bien.


—Lagoona, tenemos que hablar —Dijo él, cruzando los brazos con nerviosismo.

—¿Qué pasa, Gil? —Preguntó ella, tratando de sonar tranquila, aunque su corazón ya latía con inquietud.


Gil respiró profundamente, como si reunir las palabras le costara más de lo que esperaba.


—Creo que... no estoy siendo sincero contigo ni conmigo mismo. Mis sentimientos han cambiado.


Lagoona parpadeó, intentando procesar lo que acababa de oír.


—¿Qué estás diciendo? —Preguntó, con la voz quebrándose ligeramente.

—Lagoona, hay alguien más.


Fue como si una ola gigantesca la hubiera arrastrado al fondo del océano. Gil intentó explicarse, pero ella ya no podía escuchar. El agua salada llenó sus ojos mientras retrocedía, dejándolo atrás con sus palabras de arrepentimiento.


...


En los días siguientes, Lagoona se sentía como si estuviera flotando sin rumbo, atrapada en una corriente que no podía controlar. Aunque sus amigos trataron de consolarla, ninguna palabra parecía suficiente. Cada rincón de Monster High le recordaba a Gil: los casilleros donde solían encontrarse, la cafetería donde compartían almuerzos, incluso el aula de Ciencias de Monstruos Marinos, donde él siempre había admirado sus habilidades.

Una tarde, mientras estaba sentada junto a la piscina, sumida en sus pensamientos, escuchó una voz detrás de ella.


—¿Qué pasa, mate? Pareces un pez fuera del agua.


Era T/N, una estudiante nueva en Monster High. T/N era diferente a cualquiera que Lagoona hubiera conocido. Hija de una piraña, tenía un aire travieso y una energía contagiosa que iluminaba cualquier habitación en la que entraba. Su cabello oscuro, con mechones plateados que brillaban como escamas al sol, estaba atado en una coleta alta, y sus ojos, afilados y brillantes, parecían leerla como un libro abierto.


—Hola, T/N —Respondió Lagoona, intentando sonreír, aunque sabía que no le salía muy bien.

—Bueno, ¿Y eso? ¿Dónde está esa sonrisa azul que todos conocemos? —T/N se sentó a su lado, dejando que sus pies colgaran en el agua.


Lagoona suspiró profundamente.


—Es complicado.

—Soy toda oídos.


Aunque al principio Lagoona dudaba, la calidez de T/N la hizo abrirse. Le contó todo: cómo Gil había cambiado, cómo la había dejado y cómo ahora dudaba de todo lo que alguna vez creyó real. T/N la escuchó con paciencia, asentía de vez en cuando y la miraba con un entendimiento que Lagoona no esperaba.


—Eso suena terrible, mate —Dijo finalmente T/N, cruzando los brazos y haciendo una mueca—. Pero, si te soy honesta, Gil se lo pierde.

—¿Cómo puedes decir eso? —Preguntó Lagoona, con una mezcla de curiosidad y escepticismo.

—Porque cualquiera que te haga sentir así no merece el agua que pisa —Respondió T/N con firmeza—Eres más que suficiente, Lagoona. Solo necesitas recordarlo.


Las palabras de T/N eran sencillas, pero tenían un peso que caló hondo en Lagoona. Por primera vez en semanas, sintió que alguien realmente entendía su dolor, y, más importante, que podía ayudarla a salir de él.


...


Con el tiempo, T/N se convirtió en una presencia constante en la vida de Lagoona. Le sacaba una sonrisa cuando nadie más podía, la acompañaba en sus largas sesiones de natación y la animaba a redescubrir las cosas que la hacían feliz.

Un día, mientras nadaban juntas en el lago cercano a Monster High, T/N propuso algo inesperado.


—¿Sabes lo que necesitas? —Preguntó, con una sonrisa traviesa mientras giraba en el agua.

—¿Qué cosa? —Respondió Lagoona, intrigada.

—Un reto.


Antes de que Lagoona pudiera preguntar, T/N se sumergió rápidamente y comenzó a nadar hacia el fondo del lago. Lagoona, atrapada por la curiosidad, la siguió, atravesando un bosque de algas hasta que llegaron a un arrecife oculto lleno de corales y peces brillantes.


—¡Wow! —Exclamó Lagoona, maravillada.

—Siempre es bueno recordar que el mundo está lleno de cosas hermosas, incluso cuando no lo vemos de inmediato —Dijo T/N, sonriendo mientras un pequeño banco de peces nadaba entre ellas.


Lagoona miró a T/N, y en ese momento sintió algo nuevo y diferente, algo cálido que reemplazaba el vacío que había sentido antes. Mientras salían del agua, las dos se sentaron en la orilla del lago, observando cómo el sol se ponía en el horizonte.


—Gracias, T/N —Dijo Lagoona, con una sinceridad que la tomó por sorpresa.

—¿Por qué?

—Por hacerme sentir que todavía hay cosas buenas por las que sonreír.

T/N le devolvió una sonrisa cálida y colocó una mano en su hombro.

—Eres como una sirena increíble, Lagoona. No dejes que nadie te haga sentir menos.


Mientras el sol desaparecía, Lagoona supo que, aunque había perdido algo importante, había encontrado algo igual de valioso. T/N le había mostrado que, incluso en las profundidades más oscuras, siempre hay luz esperando a ser descubierta.

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora