Nefera De Nile

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Nefera De Nile

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La luna se alzaba sobre el horizonte de la ciudad como un disco de plata, iluminando las antiguas columnas del lujoso palacio donde Nefera de Nile residía. No había un solo rincón en su hogar que no irradiara grandeza, opulencia y el eterno recordatorio de su linaje. Y, sin embargo, entre los dorados tapices y las joyas invaluables, existía algo que ni siquiera el lujo podía darle: alguien que estuviera a su altura. Alguien digno de Nefera de Nile.

T/N, una gárgola de origen noble, descendiente de antiguas estatuas guardianas que protegieron palacios y templos en tiempos olvidados, era la única criatura que Nefera consideraba su igual. Su piel de piedra tallada, endurecida por siglos de historia, era símbolo de fortaleza y belleza imperecedera. Sus alas esculpidas con la precisión de un artista renacentista se desplegaban con majestuosidad cuando se posaba en lo alto, observando el mundo desde una posición de superioridad. Pero no era solo su apariencia lo que capturaba el interés de Nefera; era su actitud. Fría, calculadora y consciente de su propio valor, T/N nunca se doblegaba ante nadie, ni siquiera ante la heredera de los De Nile.

Se conocieron en una de las innumerables galas de la alta sociedad monstruosa. Nefera, vestida con un lujoso conjunto en tonos azules y dorados, había entrado con la seguridad de quien sabe que es el centro de atención. Pero aquella noche, por primera vez, sintió que alguien la miraba sin la reverencia habitual. T/N no la observaba con admiración ni envidia; la miraba con interés calculado, como si estuviera midiendo su valor. Aquel desinterés aparente fue suficiente para que Nefera se sintiera intrigada.

Desde entonces, su relación se había construido sobre un juego de poder. Nefera estaba acostumbrada a dominar, a dictar las reglas y a ser obedecida sin cuestionamientos. Pero con T/N, todo era distinto. La gárgola le devolvía cada comentario afilado con una elegancia impasible, cada reto con un desafío velado. A veces, cuando discutían en los pasillos de los eventos exclusivos a los que asistían, la tensión entre ambas era tan densa que parecía a punto de estallar en fuego o en una pasión contenida.

Nefera adoraba ese juego. Pero lo que no esperaba era la noche en que T/N cambió las reglas.

Era una velada en un antiguo museo convertido en salón de fiestas. Nefera había pasado la mayor parte del evento rodeada de monstruos aduladores, recibiendo los elogios a los que estaba acostumbrada. Pero cuando buscó a T/N, la encontró en la terraza, mirando las estatuas de antiguos faraones con expresión pensativa.


—Son imponentes, pero no eternos —Dijo T/N sin apartar la vista de las figuras de piedra—Al final, todos caen en el olvido.


Nefera cruzó los brazos, alzando una ceja con altivez.


—Tú y yo no. Somos diferentes.


T/N finalmente se giró para mirarla. La brisa nocturna agitó los mechones de su cabello de piedra, dándole un aire aún más majestuoso. Se acercó lentamente hasta quedar a pocos centímetros de Nefera, quien, por primera vez, sintió su corazón latir más rápido. No por nerviosismo, sino por la anticipación de lo que podía venir.


—Siempre compitiendo, siempre tratando de demostrar que eres la mejor —Murmuró T/N con una media sonrisa—Pero dime, Nefera... ¿Qué harías si alguna vez encontraras a alguien que realmente pudiera desafiarte? Alguien que pudiera hacer que dejaras de verte solo a ti misma.


Nefera sintió que algo dentro de ella se encendía. Aquella sensación de ser retada, de ser vista como algo más que una princesa arrogante, era electrizante. Sonrió con una seguridad absoluta y, con un movimiento grácil, tomó la barbilla de T/N entre sus dedos.


—Si existiera alguien así... —Susurró, acercándose lo suficiente para que sus labios rozaran el aire entre ellas— quizá tendría que empezar a verlo como algo más que un simple adversario.


Por un instante eterno, el mundo parecía haberse detenido. Luego, con una sonrisa que contenía siglos de historia y misterio, T/N se inclinó y rozó los labios de Nefera con los suyos, en un beso que no era una rendición ni una conquista, sino una declaración de guerra y pasión por igual.

Desde aquella noche, su relación dejó de ser solo un juego de poder. Se convirtió en una alianza, en un fuego que ardía con una intensidad que solo dos almas tan orgullosas y majestuosas podían comprender.


...


Los días siguientes estuvieron marcados por encuentros furtivos y desafíos disfrazados de conversaciones casuales. En cada evento, en cada reunión, en cada paseo nocturno por los pasillos dorados del palacio de Nefera, la conexión entre ellas crecía. No era un amor fácil ni gentil, sino una colisión de fuerzas imparables. Nefera intentaba imponer su voluntad, pero T/N jamás cedía completamente; en cambio, la gárgola encontraba formas sutiles de equilibrar la balanza, dejando claro que su relación no se basaría en la sumisión, sino en un respeto mutuo disfrazado de juego peligroso.

Una noche, mucho después de que la música y las luces de la fiesta se apagaran, Nefera y T/N se encontraron en la habitación privada de la momia. Nefera, sentada sobre su cama de seda dorada, observaba a T/N con una mezcla de curiosidad y desafío. La gárgola se acercó lentamente, su mirada oscura e intensa atrapando la de Nefera.


—¿Sigues pensando que tienes el control? —Preguntó T/N, su voz apenas un susurro.


Nefera entrecerró los ojos, sin perder su altivez, pero su respiración era un poco más profunda de lo habitual.


—Tal vez —Respondió con una sonrisa enigmática.


T/N se inclinó sobre ella, sus alas extendiéndose ligeramente, proyectando sombras sobre las paredes de la habitación. Con una suavidad inesperada, deslizó sus dedos de piedra sobre la mejilla de Nefera, siguiendo la línea de su mandíbula con una precisión exquisita. Nefera sintió un escalofrío recorrer su piel, pero no se apartó. En cambio, levantó la barbilla desafiantemente.


—Si vas a besarme, hazlo ya —Susurró.


T/N sonrió y, sin más preámbulos, capturó los labios de Nefera en un beso profundo y posesivo. Era un choque de voluntades, de poder y deseo. Ninguna de las dos cedería por completo, y eso solo hacía que el momento fuera aún más intenso.

La noche se alargó entre caricias firmes y miradas ardientes. Cuando el amanecer comenzó a teñir el cielo de tonos dorados y violetas, Nefera se encontró acurrucada contra el cuerpo cálido y protector de T/N, algo que jamás habría imaginado que permitiría.

"Tal vez" Pensó mientras se sumía en un sueño plácido, compartir el control no era tan terrible después de todo.

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora