Johnny Spirit

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Johnny Spirit

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En las profundidades de Monster High, las catacumbas dormían en un silencio inquietante, interrumpido solo por un lamento musical que llenaba el aire. El sonido de un violín resonaba entre las paredes de piedra, vibrando con una intensidad que parecía casi tangible. Johnny Spirit estaba allí, su figura apoyada contra una vieja columna, con el arco del violín deslizándose sobre las cuerdas con la maestría de alguien que había practicado durante siglos.

La luz tenue que se filtraba a través de las grietas en el techo iluminaba su cabello azul oscuro y los reflejos más claros que caían sobre su frente. Sus ojos verde azulados estaban parcialmente cerrados, centrados completamente en la música, en cada nota que nacía de sus manos y parecía fluir como un río entre los ecos. Su chaqueta de cuero negra brillaba con un destello suave, y el movimiento de su cuerpo acompañaba el ritmo melancólico, como si cada fibra de su ser estuviera conectada a la melodía.

A pocos metros, sentada frente a un piano de cola antiguo cubierto por el polvo de los años, T/N observaba en silencio. Su mirada seguía cada movimiento de Johnny, sus ojos brillando con esa chispa fantasmal que hacía que su presencia se sintiera etérea. T/N era una pianista natural, su pasión por la música tan intensa como la de Johnny, pero su estilo contrastaba con el de él. Mientras Johnny tocaba con una intensidad casi salvaje, ella era delicada, cada toque de sus dedos sobre las teclas parecía contar una historia susurrada.

Inspirada por la música de Johnny, T/N dejó que sus dedos cayeran suavemente sobre las teclas. Al principio, su toque era apenas un murmullo, un susurro que comenzaba a tejerse entre las notas de su violín. Johnny alzó una ceja, pero no dejó de tocar; en cambio, adaptó su ritmo, dejando espacio para que el piano se uniera, y juntos comenzaron a crear una sinfonía que solo ellos dos podían comprender.

La melodía creció, rica y compleja, llenando cada rincón de las catacumbas con un sonido que parecía darles vida. Los fantasmas que rondaban las sombras se detuvieron, algunos incluso flotaron más cerca, atraídos por la belleza de aquella música. Johnny, que normalmente odiaba ser interrumpido, apenas notó a los intrusos. Su atención estaba completamente en T/N.


—Siempre haces que el piano suene... como si fuera algo vivo—Dijo Johnny de repente, bajando el arco y dejando que el último acorde del violín se desvaneciera en el aire.


T/N lo miró desde detrás de las teclas, una sonrisa suave curvando sus labios.


—Y tú haces que el violín suene como si tuviera un corazón que late, Johnny. Aunque diría que hoy tu música está más alegre de lo usual.

Johnny dejó escapar una risa seca, sus labios grises curvándose en una sonrisa—Quizás porque estás aquí, mami. Cuando toco solo, creo que mi violín suena más como un grito que como música.


Ella se levantó del piano, sus movimientos tan fluidos que parecía deslizarse sobre el suelo. Con gracia, caminó hacia él, su vestido flotando como una neblina alrededor de su figura fantasmal. Se detuvo frente a él, sus manos delicadas tocando el marco de su violín.


—Tal vez lo que necesitas es alguien que te entienda, alguien que pueda escucharte incluso cuando no dices nada.

Johnny inclinó la cabeza, su mirada afilada y desafiante se suavizó al cruzarse con la de ella—¿Y tú crees que eres esa persona?

T/N no respondió de inmediato. En cambio, levantó una mano y la colocó sobre su mejilla, un toque frío pero reconfortante, como una caricia del viento nocturno.


—No lo creo, Johnny. Lo sé.


Él cerró los ojos por un momento, como si su toque calmara algo que siempre había estado inquieto en su interior. Luego, tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de ella.


—Entonces toquemos otra vez, juntos. Esta vez no voy a dejar que nadie nos interrumpa.


Regresaron a sus instrumentos, T/N sentándose nuevamente frente al piano mientras Johnny ajustaba su postura, el violín descansando contra su hombro. Esta vez, no hubo silencios titubeantes ni momentos de adaptación. Sus melodías se entrelazaron con una fluidez perfecta, como si fueran dos mitades de un todo, completándose en cada nota.

Cada acorde parecía una conversación secreta, un intercambio de emociones que no necesitaba palabras. Los ecos de su música alcanzaron las profundidades de las catacumbas, mezclándose con el susurro del viento y el goteo distante del agua. Johnny, por primera vez en mucho tiempo, no sintió la necesidad de esconderse detrás de su actitud indiferente. Y T/N, siempre calmada y serena, dejó que su música hablara por ella, una declaración silenciosa de todo lo que sentía por él.


Cuando la última nota murió, el silencio que los envolvió no fue incómodo, sino reconfortante. Johnny bajó el violín y caminó hacia ella, colocando una mano en su hombro.


—Eres lo único bueno que estos estúpidos 3000 años me han dado ¿Sabes?


T/N alzó la vista, una sonrisa traviesa en sus labios.


—Eso significa que no te arrepientes de haberte quedado en las catacumbas.


—No, si tú estás aquí—Respondió Johnny con suavidad, inclinándose para robarle un beso rápido, tan ligero como una nota al viento.


Y en ese momento, en las profundidades de Monster High, los dos fantasmas encontraron algo que la eternidad rara vez ofrecía "Un instante perfecto".

Monster High - One shotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora