Malala Lorenzo.
Jueves 13 de Octubre, 23.00
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Jesus baja del coche acompañado por mi, agarro su brazo antes de llamar a la puerta de mi padre y me mira.
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-Llámame cuando acabes, porfavor. -digo sin voz.
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Sonrie tierno agarrando mi mejilla, acaricia kid labios con los suyos y susurra cuanto me ama.
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-No me va a pasar nada, estoy seguro. -dice tocando mi barriguita.
-No puedes dejarnos solas. -digo poniendo mis manos sobre las suyas.
-No podría dejaros solas jamás. -asegura.
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Muerdo mi labio nerviosa, me besa de nuevo y llama al timbre.
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-Sea la hora que sea, pase lo que pase, llámame porfavor. -digo seria.
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Se agacha subiendo un poco mi camiseta y besa mi barriga sintiendo una patadita de la bebé.
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-No voy a dejaros solas bebé. -habla con la barriga.
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Sonrio tierna.
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-Porfavor. -suplico.
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Mi padre abre la puerta, Jesús vuelve a besar la zona y me mira.
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-Alfonso, llámame sea la hora que sea, no voy a dormir hoy. -aseguro.
-Debes descansar. -dice serio.
-No voy a poder Jesus. -digo seria.
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Muerde mi labio y asiente.
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-Yo te llamo cuando sea. -asegura.
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Sonrio dándole las gracias y Jesús me besa antes de entrar.
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Jesus Oviedo.
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Ha llenado la casa de velas rojas, ha dibujado un gran círculo en el centro del salón, tiene un libro abierto pero, ante todo, puedo notar malas presencias aquí.
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-¿Lo notas? -pregunta.
-Hay muy mala sensación, nada bueno. -murmuro.
-Eso está dentro de ti -confiesa.
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Me sitúa en el centro del círculo y pide que me quite la camisa.
Me la quito tirándole a un lado, me arrodillo mirando al suelo como dice y puedo sentir como habla en otro idioma... Muchos recuerdos vienen a mi mente, jamás había visto tal imágenes en mi cabeza, esas monjas que tanto me hicieron hablaban ese idioma, joder, está hablando hebreo. Siento una fuerte presión en mi espalda haciendome gritar, mis músculos se contraen y puedo sentir cada vez más fuerte la presencia de ese ente maligno.
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-Sigue luchando contra él mi niño. -la voz de Elisabeth llega a mis oídos.
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La busco, todo está oscuro, no la veo.
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-Cuida a mis mujeres. -suplico.
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Siento su mano acariciar mi rostro pero nada puedo ver, ese peso en mi espalda se desvanece suavemente y siento mi piel ardiendo como aquellos días cuando era niño.
Una luz aparece en mi cabeza viendome a mi, aquel día cuando tan sólo era crio llorandole a la tumba de su tata y todo se desvanece en un instante.
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La rosa negra
VampirgeschichtenLa mujer más sencilla que puedas encontrar, universitaria de dieciocho años en Madrid a la cual su padre abandonó hace tres años provocando que su madre caiga en una profunda depresión choca con él, un abogado de veinticinco años el cual lo último q...
