Malala Lorenzo.
Lunes 21 de Febrero. 23.15
°
Me mira y frunzo el ceño.
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-No. -confiesa.
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Me sorprendo y encoje sus hombros.
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-¿Después de todo no la buscas? -rio irónica.
-No tenías fuerzas y entendí que tú eras mucho más que una simple cicatriz del pasado, no iba a seguir con todo eso y me puse a buscar trenes para venir aquí. -explica con su mano aún sobre la mía.
-Podrías haberla buscado y acabar con todo, yo ya no estaba, en fin, ya había acabado todo. -digo seria.
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Baja la cabeza.
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-No quería ni recordar el tema, pasé. -asegura.
-Simplemente quería saber que sucedió al final. -comento.
-Después de todo me parece lógico. -apoya mi opinión.
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Cojo aire y me mira.
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-Estás hermosa. -alaga mirando mi rostro.
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Aparto la cabeza rápidamente sonrojada y encojo los hombros.
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-Estoy fatal en todos los sentidos. -confieso.
-Estás perfecta. -asegura.
-Desde que todo comenzó a ir mal he cogido muchísimo peso, he dormido muy poco y el estrés se nota en mi trabajo, he ganado pocos juicios. -comento.
-¿Sigues medicandote? -pregunta.
-Las antidepresivos y el calmante para dormir. -me pongo en pie para entrar en casa.
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Quiero huir de esta situación, está entrando en un tema del cual no quiero pensar y muchísimo menos hablar con él: mi depresión y la baja autoestima que estos días he sufrido.
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-Quédate un rato más. -se pone en pie agarrando mi brazo.
-Quiero descansar. -excuso.
-Quiero pasar un rato más contigo, es mi cumpleaños y es lo único que deseo. -se acerca a mi.
-Jesus... -me tenso.
-¿Por qué no me contaste que tenías depresión? -me pega a su cuerpo agarrando mi espalda.
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Siento como cada musculo de mi cuerpo se derrite ante su presencia maldiciendo el instante que me enamoré de este hombre.
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-Olvídalo. -suplico.
-Quiero saber por qué. -murmura apartandome los rizos del rostro.
-La vida son rachas Jesús, simplemente. -murmuro llevando mis manos a su nuca.
-Bebé... -suplica susurrando.
-Por ti, la tengo por ti. -confieso mirando sus labios.
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Su cuerpo se paraliza, mi mirada sube a sus ojos y coje aire.
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-No, porfavor. -suplica pegando nuestras frentes.
-Soy yo la culpable de esto, mi mente es muy traicionera. -confieso.
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Me pega muchísimo más a él sintiendo como en cualquier momento romperá a llorar.
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-Perdoname. -suplica sin voz.
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Niego.
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-No tienes la culpa, yo misma me culpo de todo, soy yo. -aseguro.
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Desliza sus manos por mis curvas y muerde su labio.
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-Eres la mujer perfecta... Y eras mía. -dice al borde del llanto.
-Bésame. -suplico.
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La rosa negra
VampireLa mujer más sencilla que puedas encontrar, universitaria de dieciocho años en Madrid a la cual su padre abandonó hace tres años provocando que su madre caiga en una profunda depresión choca con él, un abogado de veinticinco años el cual lo último q...
