Capítulo 17

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Malala Lorenzo.
Martes 24 de Marzo, 12.30
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La charla se atrasó una hora comenzando a las diez y media haciendo que tanto a Helena como a mi nos diese tiempo a resumir varias páginas de próximos exámenes que se nos vienen encima pero desde el momento que él entró en esta sala nuestros ojos no hacen más que desear el momento de que esto acabe y poder vernos en privado.
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-Muchas gracias por escuchar, ánimo y preparaos para el futuro que nuestra profesión pues está en vuestra manos. -dice algo serio pero suena amable.
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Todos se ponen en pie menos yo, Helena me mira mientras recoje sus papeles y muevo la cabeza negando.
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-Marchate tú, yo me quedo un rato más. -le anuncio.
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Ella sonrie y asiente marchándose.
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Bajo cuando son pocos los que quedamos en la sala y salgo frenando en la puerta, él sale acompañado de uno de mis profesores viéndome obligada a caminar para que no me relacionen con él. Paseo hacia la salida de este edificio hasta que siento como un brazo me frena en seco agarrando el mío.
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-¿Acaso no me obedeces? -pregunta ronco.
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Me giro, sus ojos recorren todo mi cuerpo pero se frena en mis senos al sentir hoy no llevo brasier.
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-No pueden relacionarme con usted. -aseguro.
-¿No pueden o no quieres? -pregunta alzando una ceja.
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Encojo los hombros.
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-No quiero. -confieso.
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Rie y se acerca a mi.
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-Ven conmigo. -tira de mi brazo.
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Me vuelve a meter en el edificio, camina por lugares por donde yo jamás he pasado hasta llegar a un pequeño cuartito que está cerrado pero sin la llave echada, él me mete ahí y cierra la puerta con ambos dentro haciendo que me sorprenda pues apenas se ve aquí dentro.
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-¿Qué haces? -murmuro.
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Siento sus besos en mi cuello provocando que mis ojos se cierren solos.
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-He estado muchos años en esta universidad, sé todos los rincones. -murmura.
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La oscuridad siempre me agobió pero que él esté aquí conmigo me transmite una paz que jamás había sentido antes.
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-¿No eres muy mayor apara hacer estas cosas? -lo arraigo a mi por el cuello de su camisa.
-¿No eres muy joven para intentar follar con alguien tan mayor? -pregunta.
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Rio coqueta y me besa los labios de una manera lenta y suave mientras yo quito su camisa a la vez que desabrocha mi pantalón.
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-No veo nada. -aseguro.
-Mucho mejor. -murmura pegandome a él.
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Pellizca mis senos pues no llevo brasier y sonrie.
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-¿En que momento hemos acabado así? -murmuro.
-Hace días que me muero por oírte gemir, estoy soñando contigo. -confiesa.
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Cierro los ojos y sonrio.
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-Oviedo... -murmuro cuando mete su mano por mi vaquero.
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Muerde el lóbulo de mi oreja y araño su espalda suavemente.
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-Quiero escucharte, hoy no vamos a follar. -asegura.
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Me extraño ante esas palabras pero bajo levemente mis pantalones.
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Jesus Oviedo.
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Maldigo en silencio el momento donde se me ocurre que soltarle que he soñado con ella, beso su cuello acariciando su húmedo sexo sobre las finas bragas y ella jadea.
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-¿Por qué? -pregunta.
-Ya te lo he dicho, quiero escucharte. -aseguro.
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Separa levemente las piernas y meto dos de mis dedos dentro de su sexo aunque anteriormente había deslizado estos mismo por los labios sintiendo la forma de su sexo.
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-Jesus. -gime levemente.
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Gime aferrada a las cicatrices que ella no nota en mi espalda y todos los sonidos que en volvían mis sueños se hacen realidad pues gime exactamente igual a como lo soñaba.
Continúo moviendo mis dedos dentro de ella satisfecho pues he conseguido lo que tanto ansiaba: escucharla gemir. Por eso he sido tan brusco y directo con ella, no podía arriesgarme a irme otra vez sin verificar mis sueños, necesito que no vuelvan a pasar por mi cabeza pero escuchando esto estoy seguro que sí, que volverán a torturarme muchas noches.

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