La calma antes de la tormenta (primera parte)

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Estridentes eran los colores que adornaban las calles de cada rincón de Lanling Jin. Ornamentados hasta el hartazgo, lucían delicadas linternas de papel, banderas sacudiéndose al viento, ofrendas y obsequios de todos tamaños y materiales. Esos eran los preparativos para la lujosa fiesta que se llevaría a cabo en la Torre de Carpa: Jiang Yanli de Yunmeng Jiang y Jin Zixuan de Lanling Jin contraerían matrimonio al día siguiente, anunciando a su paso la venida de su primer heredero. ¡Qué orgullo! ¡Qué maravilla! ¡Nada más que buena fortuna le esperaban a dos de las sectas más prominentes del mundo de la cultivación! ¿Qué debía estar sintiendo Jiang Wanyin, poderoso líder de Yunmeng Jiang, ante la inminente unión de su hermana mayor con el único heredero de Lanling Jin? 

Nervios. Jiang Cheng no era sino un manojo de nervios. Entre los gritos de Madam Yu, el constante ir y venir de preparativos entre las dos sectas, la interminable planificación de lo que sería una semana entera de festejos, Jiang Cheng estaba al borde del colapso mental —¡una vez más!—. Por supuesto que su madre estaba alterada hasta la médula por supervisar cada mínimo detalle a la perfección, incluídas cosas que a Jiang Cheng se le escapaban por completo de su consideración. El problema era que, ¿por qué tenía que recriminarle cada uno de esos detalles? ¡Él era un hombre, maldita sea! ¿Cómo podía saber qué flor se luciría más al adornar la entrada del Embarcadero de Loto? ¡Al diablo con todo eso! 

Aunque lo que más le dolía era sin duda el caer en cuenta que ya no tendría a su a-jie viviendo junto a él en el Muelle de Loto. Desdichado el día en el que esos dos decidieron consumar su maldito matrimonio y vivir juntos en Lanling, tan alejada de la atenta vigilancia de su hermano menor. Y es que, ¿¿cómo podría asegurarse de que la trataran bien en Lanling Jin?? Claro que Madam Jin la amaba como a una hija, y suponía que el pavo real debía albergar la misma clase de sentimientos hacia ella, pero, ¿¿por qué?? ¿¿Qué sería de él ahora?? ¿¿Quién le prepararía sopa todos los días, quién le tomaría la mano con delicadeza, quién le hablaría con cariño y acariciaría su mejilla con ternura?? Porque por muy rudo que Jiang Cheng pudiera parecer, él también tenía su lado vulnerable. No podía creer que acababa de pensar eso, pero por el amor a todos los dioses, ¡¡él también quería que lo mimaran!! ¡¡¡Y la única que tenía permitido hacerlo era su jiejie!!! Estúpido Jin Zixuan acaparador de hermanas, ¿quién lo mandaba a enamorarse de Yanli? ¿Quién lo mandaba a desposarla tan pronto? ¿¿Quién le daba el derecho de quitarle a su a-jie??

Pero no podía expresar ninguno de esos oscuros sentimientos. Frente a ella pondría su mejor sonrisa y la acompañaría hasta el último momento. Por muchos celos que pudiese sentir de Jin Zixuan, tampoco podía esconder que se sentía orgulloso de su felicidad. De aquellos a los que consideraba familia —o sea: ella y…¿Wei Wuxian?—, Yanli era la que más merecía esa felicidad . Jiang Yanli era todo lo que estaba bien en ese jodido y asqueroso mundo, y si para perpetuar su alegría debía aceptar que se marchase a Lanling Jin junto a su marido…, pues no quedaba de otra. Él siempre sería su hermanito que la amaba y velaba por su bienestar, por mucha aversión que le generara pensar algo así de sentimental.

Al menos los preparativos de la boda lo ayudaban a olvidar el asunto de Wei Wuxian, cuya ausencia continuaba clavándose cual puñal en los corazones de ambos hermanos. Ambos, ya que Yanli también se daba por aludida en el asunto. Por mucho que la mujer desbordara regocijo, nada podía acallar esa pequeña voz que le recordaba la gran ausencia de su jornada nupcial: Wei Wuxian, su pequeño a-Xian. Qué cruel era el destino para prohibirle asistir a la boda. Qué despiadada la sociedad que lo condenaba por haber abandonado Yunmeng Jiang sin siquiera comprender sus motivaciones. Se sentía egoísta por tener que pensar de esa forma, pero al menos durante su semana especial, intentaría no pensar en ello. ¿Quién sabía? Quizá su marido podría hablar con Jin Guangshan y arreglar un juicio más justo para a-Xian, uno donde se perdonara la vida de todas esas personas a las que él protegía. Esa era la única salida, después de todo. Y Yanli conocía a su hermano. Si tenía que luchar por ella, entonces lo haría. No se daría por vencido ahora que decidió salvar a esa pobre gente.

Los infortunios de transmigrar en una villana secundaria.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora