En la vasta llanura del planeta Platón IV, bajo un cielo grisáceo y cargado de nubes, el Almirante Dormund permanecía de pie sobre una plataforma de observación elevada. Desde ahí, podía observar las fortificaciones que se levantaban a lo largo del paisaje marcial. El aire estaba cargado de actividad febril, mientras los ingenieros provenientes del mundo forja de Nebelon, famosos por su habilidad y precisión en la construcción de estructuras de defensa, trabajaban sin descanso para reforzar las defensas del sistema Platón. Dormund, con su imponente figura, observaba cada detalle con atención, asegurándose de que todo avanzara de acuerdo a los planes estratégicos.
Desde su posición, podía ver las fortalezas que se levantaban imponentes sobre el horizonte, equipadas con los temidos macrocañones de alcance orbital. Cada una de estas fortalezas, dotada de pesados cañones y defensas automáticas, era una línea de resistencia clave contra una posible incursión de la flota del Covenant. Los ingenieros y tropas de construcción del mundo forja trabajaban con precisión milimétrica, instalando los complejos sistemas de armas, mientras equipos de soldados excavaban trincheras alrededor de las fortificaciones y preparaban campos de minas de alto poder explosivo.
Dormund inhaló profundamente, el viento traía consigo el olor metálico del polvo levantado por las máquinas de construcción, mezclado con la humedad de una tormenta que amenazaba en el horizonte. Había mucho en juego. El sistema Platón había sido una línea de defensa crítica, y aunque las recientes victorias habían detenido temporalmente la ofensiva del Covenant, todos sabían que esa pausa era solo el preludio de una nueva arremetida. El enemigo no se detendría hasta romper la defensa de los sistemas fronterizos.
A lo lejos, en el cielo, Dormund vio cómo cinco cruceros clase Aclamator rompían la atmósfera del planeta, descendiendo en una formación casi perfecta. Cada uno de ellos estaba repleto de refuerzos, soldados frescos y equipamiento militar para reemplazar las bajas sufridas en las batallas más recientes. Las tropas que habían luchado en el sistema Platón habían resistido contra todo pronóstico, pero lo habían hecho a un alto costo. Los refuerzos eran esenciales para mantener la integridad de las defensas terrestres, y Dormund había gestionado personalmente la llegada de estos nuevos contingentes.
Las inmensas naves, brillando bajo el resplandor de los soles cercanos, se alinearon en su aproximación hacia la base de desembarco establecida en la zona norte de la fortificación principal. Los Aclamators aterrizaron con un estruendo suave, levantando polvo y escombros al tocar el suelo. Inmediatamente, las rampas comenzaron a descender, y filas interminables de soldados en armaduras marciales comenzaron a salir, listos para integrarse en las líneas defensivas ya establecidas. Vehículos blindados y transportes de equipo pesado seguían a los soldados, creando un flujo constante de maquinaria militar que rápidamente comenzó a desplegarse en las posiciones asignadas.
-"Almirante", -una voz grave sonó detrás de él. Era el Comandante Tarek, uno de sus oficiales más confiables, que había sido responsable de coordinar la logística de la llegada de refuerzos. -"Los nuevos batallones ya están siendo distribuidos en los sectores según sus indicaciones. Se están reforzando los sectores más debilitados, y el resto se unirá a las unidades de reserva para estar listos para cualquier contingencia."
Dormund asintió, sin apartar la vista de las naves y los movimientos en tierra. La llegada de los refuerzos traía consigo una sensación de alivio temporal, pero sabía que la verdadera prueba aún estaba por venir.
-"Bien", -respondió, con su tono característicamente lacónico. -"No podemos permitirnos fallos. Mantén a las tropas en constante preparación, y asegúrate de que se distribuyan de acuerdo a las prioridades tácticas. Las defensas terrestres son lo único que impedirá que el Covenant tenga una base de operaciones en esta región. Cada hombre, cada tanque, cada cañón debe estar en posición cuando lleguen".
Mientras las tropas seguían desplegándose, Dormund giró hacia su holopantalla portátil, que proyectaba una serie de mapas tácticos tridimensionales de los sistemas circundantes. Los sistemas adyacentes al sistema Platón, aquellos en los que habían comenzado a concentrar sus esfuerzos de fortificación, también estaban siendo reforzados. Nebelon, con sus vastos recursos industriales, había enviado contingentes de ingenieros a varios de estos planetas, asegurándose de que las defensas estuvieran listas para cualquier incursión enemiga. Dormund supervisaba estos esfuerzos con ojo crítico, sabiendo que si alguno de estos sistemas caía, su posición en Platón estaría en peligro.
Los informes sobre las fortificaciones en los sistemas cercanos eran alentadores. Las defensas en Pireas y Halon II, ambos sistemas clave en la ruta hacia el corazón del sector sur, estaban casi completas. Las ciudades de estos planetas se habían convertido en fortalezas, y los cañones orbitales y escudos de defensa estaban en pleno funcionamiento. Dormund observó con atención los esquemas, verificando que las instalaciones estuvieran preparadas para resistir ataques prolongados. En cada mapa se indicaban las rutas de suministro, los puntos de evacuación y las posiciones de las baterías de artillería pesada. Todo debía estar sincronizado para la inminente llegada de la siguiente ola del Covenant.
Desde su posición elevada, podía ver cómo el despliegue de unidades blindadas comenzaba a tomar forma. Las imponentes siluetas de los AT-TE y los vehículos pesados de las divisiones blindadad se movían a través del terreno, tomando posiciones estratégicas alrededor de las fortalezas. Los enormes tanques de batalla, diseñados para soportar el fuego más intenso y devolverlo con una potencia devastadora, eran una pieza clave en la defensa planetaria. Dormund sabía que, cuando el Covenant atacara, lo haría con una ferocidad implacable, y los AT-TE y los tanques serían la primera línea de resistencia.
El rugido de motores atrajo su atención hacia el cielo. Nuevos cruceros clase Venator, brillando con su armadura recién salida de los astilleros, entraban en la atmósfera, preparados para unirse a la flota de Dormund en órbita. Estos nuevos buques de guerra llegaban con tripulaciones frescas, entrenadas en simulaciones durante su trayecto para compensar las pérdidas sufridas en las últimas batallas. Cada crucero representaba un activo invaluable en la defensa del sistema, y Dormund confiaba en que con estas adiciones su flota podría resistir cualquier embate del Covenant.
-"Los nuevos cruceros ya están en posición, Almirante", -informó un técnico desde la consola de comunicaciones cercana. -"Comenzarán sus patrullas de inmediato."
Dormund asintió, satisfecho. Era consciente de que la llegada de estos refuerzos y recursos adicionales era esencial para lo que estaba por venir. El Covenant no era un enemigo que se tomara a la ligera, y había aprendido que solo la preparación meticulosa y la coordinación perfecta podían garantizar una defensa exitosa.
Desde la base de operaciones avanzada, los informes de todo el sistema Platón llegaban constantemente. Las fortificaciones en otros planetas como Platón II y Platón III también avanzaban sin problemas, y las estaciones de defensa en las lunas del sistema habían sido equipadas con nuevas armas de disuasión orbital.
Dormund observó con detenimiento los movimientos de sus fuerzas en los mapas holográficos. Sabía que el tiempo estaba en su contra; la relativa calma que se respiraba en esos momentos no era más que el preludio de una tormenta que estaba por desatarse. Los movimientos del Covenant en los sistemas fronterizos indicaban que su ofensiva estaba en plena preparación, y no pasaría mucho tiempo antes de que intentaran penetrar nuevamente en sus territorios. Pero esta vez, Dormund estaba decidido a resistir.
Mientras contemplaba la organización de las fuerzas y la construcción de las defensas, Dormund sabía que todo dependía de estos preparativos. Su capacidad para coordinar la defensa de los sistemas circundantes y resistir la inevitable incursión del Covenant sería la clave para mantener el sur bajo control. Este era su papel, su deber, y sabía que no podía fallar.
El sonido de los vehículos en marcha, el zumbido de los equipos de construcción, y el resonar de los cañones que se instalaban en las fortalezas formaban una sinfonía bélica que le resultaba casi reconfortante. Dormund respiró profundamente y observó el horizonte una vez más, sabiendo que el próximo enfrentamiento determinaría el destino no solo del sistema Platón, sino de toda la región sur de la galaxia.
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El Ascenso De La Humanidad
Science FictionDespués de que el mundo pasara por una terrible pandemia global la cual acabó con decenas de miles de vidas de todas las clases sociales y no solo eso si no que también el daño que dejó fue a a tal grado que dejó a decenas de países en quiebra. Las...
