Capitulo 151: La batalla por los Mundos Centrales

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El amanecer no había llegado aún cuando el espacio alrededor de los mundos centrales de la Federación Humana estalló en luces violentas. Desde los puntos más alejados de sus sistemas solares, sensores en cada uno de los planetas comenzaron a emitir alertas rojas. La Confederación de Comercio había lanzado su ofensiva.

En la órbita de la Tierra, las alarmas de las estaciones espaciales resonaban con intensidad. El presidente Tadeus observaba desde el búnker subterráneo las imágenes en tiempo real: múltiples grupos de 100 naves enemigas saliendo del hiperespacio, repartidas en vectores que apuntaban directamente a los anillos orbitales y estaciones defensivas.

–Han llegado…– murmuró con el rostro sombrío.

La defensa orbital se activó de inmediato. Cañones de riel y torres de plasma giraron hacia el cielo estrellado, mientras las primeras fragatas de la Confederación se acercaban en formación. La base militar de Gibraltar fue la primera en disparar con sus poderosos macrocañones orbitales,seguida por una andanada desde la estación Aegis-9.

El general Armand Deverux, jefe de las fuerzas terrestres, dio la orden de activar el escudo planetario de emergencia, mientras las divisiones acorazadas se desplegaban en los puntos estratégicos del planeta. La Tierra era el corazón de la Federación… y debía resistir.

En Alpha Centauri, el gobernador Elias Kane se encontraba ya enfundado en su armadura de combate cuando el ataque comenzó. El cielo se iluminó con la llegada de las naves enemigas.

–¡Activad las plataformas de defensa orbital! ¡Movilicen los cazas Centurión!

Las tropas en Alpha Centauri estaban mejor preparadas que en cualquier otro mundo. Torres antiaéreas, cañones orbitales y escuadrones de bombarderos pesados comenzaron a interceptar los transportes de la Confederación antes de que tocaran suelo.

Kane se dirigió personalmente a las líneas del frente. En su vehículo de comando, observó cómo los escuadrones de mechas se lanzaban al combate, derribando las unidades de desembarco enemigas. Sin embargo, la presión era inmensa: la Confederación había enviado unidades de asalto especializadas, y los combates se daban en múltiples continentes.

Las estaciones de investigación de Tau Celtis, usualmente protegidas por su lejanía y su fuerte blindaje atmosférico, fueron las siguientes en ser alcanzadas. Los cielos del planeta se tornaron oscuros con las naves invasoras.

El gobernador de Tau Celtis, una estratega brillante llamada Rina Volkov, tomó una decisión radical.

–Evacuen los laboratorios prioritarios. Transferid toda la información clasificada a las bóvedas de datos. Que nadie quede expuesto.

Mientras las unidades de defensa armada intentaban contener a los droides que descendían por cápsulas de impacto, Volkov dirigía el contraataque desde el búnker central de la estación Helios Prime.

–No podemos perder lo que sabemos –dijo mientras su asistente le mostraba la ruta de evacuación–. Que nuestros cielos ardan, pero nuestra ciencia sobrevivirá.

El suelo fértil de Gliese se tiñó de fuego. El ataque fue especialmente brutal. A pesar de su capacidad militar, Gliese era más vulnerable que otros mundos. Las cosechas fueron las primeras en arder, seguidas por los silos orbitales que estallaron en cadenas.

El gobernador Marius Thorne, gritó órdenes a sus comandantes.

–Activad el sistema Leviatán. No quiero ver ni una maldita nave enemiga sobre nuestros campos.

Desde las llanuras de Fulgor, los cañones pesados enterrados en la tierra comenzaron a emerger y abrir fuego hacia el cielo. Mechas agrícolas reconvertidos en tanques de guerra fueron desplegados junto a soldados de la milicia local.

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