La superficie gris y polvorienta de la Luna temblaba bajo el estruendo de la batalla. En la órbita baja, naves capitales de la Flota Lunar y destacamentos pesados de la Guarnición de la Tierra mantenían una línea de fuego impenetrable. Cañones de plasma, torpedos de dispersión y láseres de haz continuo creaban un muro letal que impedía a la Confederación de Comercio romper la defensa orbital. Era una línea férrea, una muralla luminosa que convertía cada intento de avance en una masacre.
El comandante Dren Halos, al frente del acorazado lunar Perseus, observaba con una calma tensa las pantallas tácticas. Las siluetas circulares de los cruceros Lucrehulk y las fragatas Munificent se desintegraban una a una bajo el fuego cruzado aliado. El cielo estaba encendido por la furia de mil impactos.
—¡Cañones ventrales, fuego continuo sobre el Munificent que gira en 67 sur! —ordenó—. Que los cazas se mantengan por fuera de las formaciones de fuego. Que no se atrevan a romper formación.
En la distancia, el crucero Lucrehulk Fractura de Voluntas explotó desde el núcleo, partiendo en dos como una fruta rota. Los vítores llenaron el puente del Perseus, pero Dren no sonrió. Sabía que la Confederación siempre tenía un plan alterno.
Y entonces llegó.
Desde el lado oscuro de la órbita, tres grandes grupos de naves de desembarco clase C-9979 surgieron a toda velocidad, acompañadas de corbetas escolta. No intentaron romper el frente… lo flanquearon. Su trayectoria los llevaba directamente hacia el flanco este de la Luna, donde las defensas eran más ligeras, y la superficie estaba salpicada de viejas instalaciones científicas sin valor militar… al menos en apariencia.
Las estaciones de defensa orbital secundarias intentaron responder, pero era tarde. En minutos, decenas de naves de desembarco atravesaron la atmósfera lunar y se estrellaron como meteoritos de acero. El polvo lunar fue lanzado kilómetros en el aire. Los sensores colapsaron por la sobrecarga. Cuando los sistemas de rastreo recuperaron imagen, ya era demasiado tarde.
40.000 droides de todo tipo se desplegaban sobre el este lunar.
B1 marchaban en líneas cerradas, respaldados por B2, droidekas girando en formaciones rodantes, tanques AAT disparando a ciegas para abrir paso entre las estructuras lunares. Incluso descendieron múltiples MTT de refuerzo, abriendo sus compuertas y vomitando aún más droides sobre el terreno.
En la base secundaria de Tycho Este, la comandante Selene Arctys —veterana de la campaña de Ceres— miró con rabia el polvo que se alzaba en el horizonte.
—Aquí Arctys, a todas las unidades disponibles —dijo por radio con tono helado—. Nos han penetrado en el este. Cañones de defensa están sobrecargados. Repito: necesitamos contención terrestre inmediata. Activen los mechas de élite y desplieguen a los Escuadrones Argenta y Umbra.
Los mechas lunares de élite salieron de los hangares rugiendo. Eran modelos únicos, blindados con aleaciones de carbono y nanoacero, pilotados por veteranos que conocían cada palmo del terreno lunar. Altos como edificios, armados con lanzadores de plasma, espadas energéticas y propulsores de salto gravitatorio, eran el verdadero puño de la defensa lunar.
Las unidades de infantería de élite no tardaron en movilizarse. Con trajes presurizados de combate, visores avanzados y rifles electromagnéticos, avanzaban a pie, flanqueando las formaciones blindadas de los mechas. Llevaban insignias negras con detalles plateados: la señal de que eran de los Escuadrones Umbra, fuerzas entrenadas para combates sin atmósfera, sin piedad… sin retirada.
El combate fue brutal.
Los droides, con su superioridad numérica, comenzaron a ganar terreno. Avanzaban como una marea sin alma, destruyendo las primeras torretas, sobrepasando las barreras automatizadas. Los tanques AAT abrían fuego sin descanso, sus cañones golpeando con metralla los búnkeres defensivos. Incluso los droidekas, con sus escudos giratorios, atravesaban las líneas como si fueran fantasmas blindados.
Pero entonces, los mechas cayeron sobre ellos.
Desde lo alto de una cordillera, tres unidades de la clase **Titán Blanco** activaron sus propulsores y descendieron como cometas. El primero aterrizó sobre una formación de B2, aplastándolos en una nube de escombros. El segundo activó su hoja de antimateria y partió un AAT por la mitad. El tercero desplegó un escudo térmico y absorbió el fuego enemigo antes de lanzar un proyectil hipersónico que redujo una MTT a chatarra ardiente.
Los Escuadrones Argenta y Umbra, por su parte, emboscaron a los droides desde túneles subterráneos y estaciones colapsadas. Usaban el entorno lunar a su favor: despresurizaban áreas para succionar a los droides al vacío, detonaban cargas térmicas en puntos clave, se deslizaban por los cráteres utilizando trajes de baja gravedad. Sus tácticas eran de precisión quirúrgica.
Pese a su número, los droides comenzaron a ceder. No eran rivales uno a uno para las fuerzas lunares de élite. Por cada mecha lunar que caía, una decena de unidades enemigas eran eliminadas. Por cada escuadrón Umbra que era herido, otra formación enemiga era aniquilada por fuego cruzado.
Las comunicaciones volvieron a encenderse en los puentes de mando.
—Aquí comandante Arctys —informó con tono firme—. Avance enemigo detenido. Replegados hasta la línea del cráter Hades. Estamos retomando control del sector este. Solicito bombardeo orbital sobre los puntos de concentración enemiga para sellar la victoria.
Desde el Perseus, el comandante Dren respondió sin dudar.
—Confirmado. Coordinadas recibidas. Que la Luna vuelva a rugir.
Instantes después, proyectiles de plasma orbital cayeron sobre los restos del ejército de droides. Las explosiones barrieron los últimos reductos, reduciendo a cenizas cualquier esperanza de consolidación enemiga. Los sobrevivientes intentaron retirarse… pero no encontraron piedad.
Cuando todo terminó, el este lunar era un cementerio de acero humeante. Y sobre las dunas plateadas, las banderas lunares ondeaban de nuevo.
La Confederación había fracasado en su desembarco. La Luna resistía.
Y enviaba un mensaje al resto del sistema: no todas las defensas caerían. Algunos bastiones lucharían hasta el fin.
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El Ascenso De La Humanidad
Science FictionDespués de que el mundo pasara por una terrible pandemia global la cual acabó con decenas de miles de vidas de todas las clases sociales y no solo eso si no que también el daño que dejó fue a a tal grado que dejó a decenas de países en quiebra. Las...
