El estruendo de las naves de desembarco resonaba en el cielo de Ryloth mientras las tropas defensoras observaban con ansiedad cómo las fuerzas enemigas descendían en oleadas interminables. Desde sus trincheras y búnkeres, los soldados de la Federación Humana ajustaban sus visores y preparaban sus armas, sabiendo que el combate era inminente. Los primeros transportes tácticos se abrieron con un chasquido metálico, liberando ríos de droides B1 que avanzaban en formación perfecta, con sus blásteres alzados, seguidos de las imponentes figuras de los B2.
El primer enfrentamiento se desató en la línea defensiva de un puesto avanzado al este de Kala’ne, una fortaleza improvisada construida en torno a un cráter. Los soldados humanos abrieron fuego en cuanto los droides estuvieron a tiro, las ráfagas de bláster iluminaron el polvo del campo de batalla, y los primeros B1 cayeron destrozados. Pero su número era inmenso. Los artilleros en torretas giraban sin cesar sus cañones, disparando en ráfagas ininterrumpidas, pero por cada enemigo abatido, cinco más tomaban su lugar.
—¡Mantengan la línea! —rugió el comandante de la guarnición mientras activaba su comunicador—. ¡Necesitamos refuerzos en el puesto 17!
Las comunicaciones estaban saturadas con pedidos similares. Las posiciones avanzadas estaban siendo atacadas simultáneamente en múltiples frentes, y la Federación no tenía suficientes tropas para cubrir todos los sectores. A lo lejos, los cañones de los AAT enemigos abrieron fuego, sus proyectiles de energía golpearon las barricadas con violencia. Uno de los búnkeres fue alcanzado de lleno, una explosión lo redujo a un cráter humeante y sus ocupantes desaparecieron en un instante.
En el flanco derecho, los soldados de infantería intentaron reagruparse en torno a un AT-TE que disparaba su cañón pesado sin cesar, cada impacto arrancaba grandes secciones del enemigo. Sin embargo, un grupo de droides comandos, con agilidad y precisión letal, se infiltró en la retaguardia y colocó cargas explosivas en las patas de la bestia mecánica. Una detonación ensordecedora derribó el vehículo, y con él, la moral de los defensores comenzó a flaquear.
—¡Nos están superando! —gritó un teniente mientras trataba de reorganizar a sus hombres.
Desde las colinas cercanas, un nuevo grupo de refuerzo de la Confederación avanzaba, esta vez liderado por droides Droidekas. Activaron sus escudos de energía y avanzaron sin miedo bajo el fuego enemigo. Sus blásteres giratorios comenzaron a disparar, barriendo la línea humana con precisión devastadora.
El comandante de la guarnición entendió lo que venía. Apretó los dientes y miró el holomapa portátil que llevaba en el brazo: las líneas defensivas estaban colapsando una tras otra.
—¡Retírense a la segunda línea de defensa! ¡Ahora!
Los pocos soldados que quedaban en pie corrieron hacia el siguiente punto fortificado mientras los droides tomaban posición en las ruinas del puesto avanzado. En el cielo, bombarderos Buitre pasaban en formación cerrada, lanzando ataques sobre cualquier estructura que aún se mantuviera en pie.
La caída del primer puesto fue solo el inicio. En cuestión de horas, otros bastiones humanos fueron siendo superados con la misma brutalidad. La Federación Humana luchaba con valentía, pero el enemigo parecía inagotable. Y en lo alto, en la órbita, la batalla espacial seguía sin un vencedor claro, dejando a los defensores en tierra completamente solos ante la avalancha de acero y fuego que se les venía encima.
La ciudad de Tormar ardía en llamas mientras los proyectiles de artillería y los disparos láser iluminaban el cielo nocturno. Las fuerzas de la Confederación de Comercio avanzaban de manera implacable, con oleadas de droides B1 y B2 marchando al compás de sus órdenes automatizadas. Los AAT se abrían paso por los escombros, disparando sin descanso contra las posiciones defensivas de la Federación Humana. Desde el interior del búnker de mando, el gobernador Modem Vass observaba el holomapa gigante que dominaba la mesa principal. Cada punto de luz representaba una unidad, y el avance de las fuerzas enemigas era claro. Los puestos avanzados en el cinturón exterior de la ciudad estaban siendo arrasados, y las unidades defensoras se veían obligadas a retroceder hacia la segunda línea de defensa. La situación era crítica. Las fuerzas de la Confederación habían logrado establecer varias brechas, y de no contenerlas a tiempo, los droides invadirían la capital.
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El Ascenso De La Humanidad
FantascienzaDespués de que el mundo pasara por una terrible pandemia global la cual acabó con decenas de miles de vidas de todas las clases sociales y no solo eso si no que también el daño que dejó fue a a tal grado que dejó a decenas de países en quiebra. Las...
