Capitulo 158: Una Traición Inesperada

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Dormund observaba en silencio la órbita del planeta Tarsis IV, uno de los mundos del frente sur, mientras la Séptima Flota Solar mantenía su formación defensiva en anillos concéntricos. Desde el puente del Defiant, su Venator-class personalizado y reforzado, la visión era imponente: más de veintiocho naves de línea —incluyendo cinco Acclamator-class de desembarco y doce fragatas de escolta tipo Consular— patrullaban el perímetro, sus cascos reluciendo bajo la luz de la estrella local. El cielo estaba en calma, pero el almirante sabía que el Covenant no tardaría en lanzar otro ataque.

Sin embargo, fue entonces cuando un mensaje de máxima prioridad llegó desde la Tierra. El holograma del presidente Tadeus, emergiendo de la consola táctica central, interrumpió toda actividad del puente. Su rostro era una mezcla de urgencia y agotamiento.

—Almirante Dormund, la Confederación ha lanzado una ofensiva masiva. Nuestros mundos centrales están siendo atacados en múltiples frentes. Marte, Gliese, Alpha Centauri… incluso la Tierra está bajo fuego. Las defensas apenas resisten. Necesitamos refuerzos inmediatos.

Dormund no necesitó más. Dio la orden con voz firme:

—Alisten a toda la flota. Carguen coordenadas de salto a la Tierra. El Defiant encabezará la formación. No dejaremos que la Confederación la tome.

Su tono no admitía discusión. Mientras las alarmas resonaban y los oficiales corrían a sus puestos, Dormund se dirigió al gobernador local, un veterano de muchos conflictos llamado Theron Kael, quien había sido asignado como comandante del sector Tarsis.

—Theron, quedas al mando de la defensa de este mundo y del corredor sur. La Séptima Flota parte ya. El destino de los mundos centrales depende de nuestra intervención inmediata.

El gobernador asintió sin dudar. —Cumpliremos con nuestro deber, Almirante. Buena caza.

Dormund cruzó el puente mientras las compuertas gravitatorias se cerraban y el Defiant alineaba su hiperpropulsor. La flota se formó en formación delta, con el Defiant al centro, flanqueado por los Acclamator y seguido por las escoltas. Cuando la orden final fue dada, las estrellas se deformaron y la Séptima Flota Solar desapareció en un destello azul rumbo al corazón del conflicto.

Horas después, en la superficie de Tarsis IV, el gobernador Theron Kael mantenía una reunión con los altos mandos del sistema y con Centinel Prime, líder de las fuerzas Autobots destacadas en el planeta. Desde su llegada meses atrás, los Autobots habían reforzado considerablemente las defensas orbitales y terrestres, levantando cañones electromagnéticos, silos de misiles defensivos y sistemas antiaéreos automatizados. La colaboración entre humanos y Autobots había sido clave para contener las amenazas del Covenant en la región.

Theron, sentado en su sala de mando subterránea, agradeció personalmente a Centinel por su compromiso y lealtad. Sin embargo, Centinel guardaba silencio, observando al humano con una expresión grave.

—Has defendido bien este mundo, Kael —dijo el Autobot finalmente, su voz reverberando con una seriedad inesperada—. Pero has cometido un error al confiar tanto en nosotros.

El gobernador parpadeó, desconcertado. —¿A qué te refieres?

Centinel se irguió, sus sistemas brillando tenuemente mientras sus seguidores —varios Autobots modificados y claramente armados— se alineaban detrás de él. Lo que dijo a continuación heló la sangre en las venas de todos los presentes.

—Nuestra raza fue forjada en la guerra. Somos superiores. Resistimos el olvido, el tiempo y el vacío del espacio. Y aún así, nos mantenemos como meros aliados. Es una deshonra. Ha llegado la hora de reclamar el lugar que nos corresponde.

Antes de que Kael pudiera ordenar siquiera que se cortara la transmisión o pidiera ayuda, Centinel alzó un brazo y disparó su cañón de plasma directamente contra la consola central, destrozándola. En un instante, la habitación fue un caos de fuego, metralla y muerte. El gobernador cayó en el acto, junto con su séquito.

Al mismo tiempo, múltiples explosiones sacudieron la ciudad capital. Las instalaciones de mando de la Federación Humana estallaron en llamas, silos de misiles fueron saboteados desde dentro, y en cuestión de minutos, los Autobots leales a Centinel tomaron control del complejo de defensa orbital. Las torres antiaéreas, ahora bajo su mando, se giraron contra las posiciones humanas aún activas, y comenzaron a abrir fuego sin piedad.

Las fuerzas humanas restantes, en shock, fueron incapaces de montar una defensa organizada. El asalto fue quirúrgico. Calculado. Traicionero.

Centinel Prime, desde lo alto del complejo de mando que ahora era suyo, activó una transmisión que fue interceptada en varias frecuencias del sector:

—A todos los mundos de esta galaxia: La era del hombre ha terminado. La supremacía mecánica ha comenzado. Los Autobots han despertado de su letargo, y no nos detendremos hasta que esta galaxia se incline ante la perfección del metal.

En menos de dos horas, Tarsis IV había caído. La traición fue tan veloz como inesperada. Las fuerzas humanas fueron exterminadas, sus defensas, tomadas, y los cielos ahora estaban bajo el control de Centinel. Su traición no era sólo una insurrección local: era el comienzo de una nueva guerra dentro de la guerra.

Mientras tanto, Dormund y la Séptima Flota atravesaban el hiperespacio, ajenos a la tragedia que se acababa de desatar a sus espaldas…

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