El cielo sobre el hemisferio sur ardía con una intensidad infernal. Sesenta naves de guerra de la Confederación de Comercio, escoltadas por escuadrones de cazas Buitres y fragatas tipo Munificent, descendieron con precisión quirúrgica sobre una de las zonas más estratégicamente defendidas de la Tierra: el corredor sur del escudo planetario. Esta sección, nutrida por una red de estaciones orbitales y plataformas artilladas con cañones turboláser y rayos de iones, fue la primera en recibir la embestida.
Las primeras bajas humanas no se hicieron esperar. Los cazas Buitres, en formaciones densas y sincronizadas por cerebros de combate automatizados, se abalanzaron directamente sobre los flancos de la línea defensiva, lanzando oleadas de misiles teledirigidos y ráfagas disruptoras sobre los puentes de mando de los acorazados *Venator* que custodiaban la órbita baja. Uno por uno, los gigantescos colosos de la Federación fueron cayendo. Algunos se partieron en dos al perder la integridad estructural de su núcleo energético. Otros simplemente explotaron al recibir impactos simultáneos en su puente de mando y su sistema de contención de plasma.
Las estaciones orbitales de defensa, a pesar de sus baterías y escudos reforzados, sucumbieron ante el bombardeo concentrado. La Confederación no buscaba una batalla prolongada: quería abrir una herida rápida, precisa y letal. Y lo logró. Solo quedaba un obstáculo entre la fuerza invasora y la superficie del planeta: el escudo planetario.
Pero incluso el escudo no duró.
En tierra, infiltrados BX, droides de infiltración con camuflaje avanzado y equipos de sabotaje, ya habían cumplido su misión. En un acto coordinado, explotaron simultáneamente los centros energéticos en Queensland y parte de Nueva Zelanda, causando una caída abrupta en la matriz de defensa que alimentaba el domo energético del sector sur del planeta. La brecha se abrió. Una grieta de cientos de kilómetros permitió el paso de las naves de desembarco de la Confederación. Fue allí cuando comenzó el verdadero terror.
Decenas de naves de desembarco clase C-9979, MTTs, AATs, transportes pesados y hasta algunos portadores tipo Lucrehulk modificados, liberaron su contenido con brutalidad sobre las llanuras de Australia. La invasión había comenzado.
Desde su búnker fortificado en Groenlandia, el presidente Tadeus observaba los reportes en una pantalla holotransparente. Cada punto rojo que aparecía indicaba una unidad enemiga desplegada. Cada zona naranja representaba ciudades en combate. Y cada punto negro era una señal perdida. Australia ardía.
—Dios mío… —musitó Tadeus—. Están descendiendo en masa. La primera línea está colapsando.
No estaba solo. Generales, almirantes y ministros lo rodeaban en el centro de comando. Pero nadie decía nada. Todos miraban la pantalla con la misma mezcla de horror y determinación.
En tierra, la situación era catastrófica. Las defensas antiaéreas de Perth, Adelaide y Melbourne abrieron fuego inmediatamente. Desde cañones electromagnéticos a torres láser de pulsos pesados, la superficie se convirtió en un infierno luminoso. Los cielos se llenaron de explosiones, restos ardientes de cazas abatidos, cápsulas de desembarco destruidas en pleno descenso. Pero no bastó. Por cada transporte destruido, tres más lograban tocar tierra.
La Confederación desplegó un verdadero mar de droides. Cientos de miles de B1 descendieron por las llanuras del norte. Tanques AAT escoltaban líneas de marcha compactas, mientras droides B2 rompían líneas de vehículos ligeros con andanadas de fuego pesado. Droidekas rodaban con precisión implacable hacia posiciones humanas, activando sus escudos justo antes de abrir fuego.
Sidney fue el principal objetivo.
La ciudad, reforzada previamente con divisiones mecanizadas y varios escuadrones de Ala-X, se convirtió en una fortaleza improvisada. Sus defensas, apoyadas por torres de defensa y unidades antitanque móviles, lograron frenar las primeras oleadas. Escuadrones de Ala-X volaban en picado entre los rascacielos, lanzando misiles contra los AAT y reduciendo a cenizas pelotones enteros de B1. Las calles se llenaron de fuego cruzado, barricadas improvisadas, civiles evacuando entre columnas de blindados que retrocedían lentamente hacia zonas mejor defendidas.
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El Ascenso De La Humanidad
Science FictionDespués de que el mundo pasara por una terrible pandemia global la cual acabó con decenas de miles de vidas de todas las clases sociales y no solo eso si no que también el daño que dejó fue a a tal grado que dejó a decenas de países en quiebra. Las...
