Capitulo 145: Héroes de Ryloth

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En el continente Koran, la situación era crítica. Los avances de la Confederación de Comercio habían dejado las defensas humanas al borde del colapso. Las líneas del frente se habían ido debilitando con cada ataque, y los droides habían avanzado con una precisión y ferocidad impresionantes. La artillería enemiga, que ya había logrado abrir brechas significativas en las fortificaciones, ahora estaba bombardeando los pocos puestos avanzados que quedaban en pie.

En el último bastión que aún resistía, una ciudad fortificada conocida como Tormak, los soldados humanos luchaban desesperadamente por mantener el control. La ciudad, construida sobre acantilados naturales y rodeada por murallas de roca maciza, había sido considerada impenetrable. Sin embargo, los droides, con su maquinaria implacable, ya habían comenzado a rodearla. Las olas continuas de disparos de la artillería, junto con el lanzamiento de bombas de iones desde sus naves, habían debilitado las defensas. Las puertas de la ciudad eran resistentes, pero la presión constante de las explosiones había comenzado a hacer mella en ellas.

Dentro de las murallas de Tormak, la moral estaba por los suelos. El comandante Herak, al mando de las tropas defensoras, observaba cómo la ciudad era sacudida por la artillería enemiga. La falta de suministros y el agotamiento de sus hombres hacían que la defensa fuera cada vez más insostenible. A pesar de la valentía de sus tropas, la superioridad numérica de los droides era innegable. La infantería luchaba en las calles, resistiendo el empuje de los B1 y B2, mientras los AAT avanzaban sin detenerse, pulverizando todo a su paso. Las fuerzas de la Federación solo tenían tres puestos avanzados restantes en el continente, y Tormak era la última cuidad que quedaba realmente operativa en el continente. Las comunicaciones con el resto de los puestos se habían perdido, y la evacuación de civiles se hacía cada vez más difícil debido a la presión enemiga.

A lo lejos, el estruendo de las explosiones y el rugido de la artillería enemiga seguían incesantes. Los droidekas se movían rápidamente por las calles de la ciudad, bloqueando los intentos de cualquier tipo de contraofensiva. Los últimos combatientes humanos se aferraban a las posiciones de tiro mientras sus compañeros caían uno tras otro. A pesar de todo, Herak mantenía una resolución férrea.

— ¡Resistid, no dejéis que caiga! — gritaba, mientras intentaba organizar una última defensa, con la esperanza de que alguna suerte pudiera cambiar el curso de la batalla. Sabía que la ayuda era improbable, pero mientras la ciudad resistiera, habría una oportunidad.

Al sur de Koran, en el continente de Dathron, la situación era igualmente desesperada. Los droides habían logrado establecer varias líneas de ataque, y la artillería pesada, apoyada por naves orbitales, había convertido a las fortalezas de la Federación en escombros. En las colinas cercanas, los cañones MAL de la Confederación habían reducido a polvo las líneas de defensa humanas. La artillería enemiga había hecho imposible mantener una defensa estable, mientras que los droides avanzaban, cubiertos por la interminable lluvia de fuego pesado.

La Federación Humana había logrado resistir en algunos puntos, pero su capacidad de repeler los avances era cada vez más limitada. Las líneas de defensa en el continente Dathron se desintegraban, y las últimas unidades de infantería comenzaban a retroceder bajo la presión de las máquinas de guerra enemigas. Mientras tanto, la presencia de la Confederación en el espacio, con el apoyo de sus cazas y bombarderos, sólo agravaba la situación en el planeta.

Sin embargo, la guerra no había acabado, y la Federación sabía que aún quedaba una oportunidad. En una de las líneas más al norte de Dathron, el general Valen había comenzado a organizar un contraataque desesperado, reuniendo los restos de sus fuerzas en lo que quedaba de una base avanzada. La operación había sido lanzada con todo lo que quedaba: unidades de Ala-X y Ala-Y, junto con cazas de bombarderos ligeros, se habían desplegado, mientras las fuerzas terrestres formaban una defensa improvisada. La batalla estaba lejos de ser resuelta, pero la Federación no podía permitirse más pérdidas.

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