El espacio alrededor de la estación orbital hervía en silencio. Columnas de fuego azul y naranja emergían en todas direcciones mientras restos metálicos giraban lentamente entre las trayectorias de disparo. Aquella estación —uno de los nodos logísticos más importantes del cinturón defensivo terrestre— llevaba casi una hora soportando el asalto de una fuerza abrumadora de la Confederación. Sus escudos estaban al límite, sus baterías pesadas operaban al ochenta por ciento y varios módulos exteriores ya flotaban como esqueletos desgarrados en la oscuridad.
Sesenta y cinco fragatas clase Munificent formaban un arco ofensivo frente a la estación, disparando en secuencias sincronizadas que golpeaban una y otra vez la cúpula de escudos. En la retaguardia, dominando la formación como una sombra colosal, se encontraba una nave de mando clase Lucrehulk. Su silueta circular eclipsaba la luz distante del Sol mientras cientos de cazas buitres emergían de sus anillos internos como un enjambre mecánico.
En la sala de mando del Venator Defiant, el almirante Dormund observaba la escena con absoluta atención. No había sorpresa en su rostro, ni miedo, ni duda. Solo cálculo.
—Distancia a la estación —preguntó sin apartar la vista del holograma táctico.
—Tres mil kilómetros y reduciendo. Munificents manteniendo línea de bombardeo. La estación perderá escudos en ocho minutos —respondió su oficial táctico.
Dormund no necesitaba más información. La situación era clara. Si la estación caía, la Confederación obtendría un punto de inserción orbital directo sobre el hemisferio continental adyacente. Aquello no podía permitirse.
—Transmitan a todos los grupos de batalla cercanos. Séptima Flota Solar inicia contraataque inmediato. Coordinación total con defensas orbitales locales.
Las comunicaciones se iluminaron de inmediato. Varias firmas aliadas comenzaron a moverse en el mapa, convergiendo hacia la zona de combate.
—Escuadrones de Ala-X listos para lanzamiento —informó el oficial de vuelo.
—Desplieguen. Ala-Y en segunda oleada. Quiero saturación del flanco derecho enemigo.
El Defiant vibró levemente cuando los hangares liberaron las primeras formaciones de cazas. Docenas de Ala-X emergieron en cuñas perfectas, acelerando con precisión quirúrgica hacia el frente de batalla. Tras ellos, bombarderos Ala-Y aguardaban su turno como depredadores pacientes.
La flota de Dormund no entró en combate como un bloque compacto. Se desplegó como una tormenta organizada. Venators y Aclamators abrieron sus formaciones en capas superpuestas, generando corredores de fuego cruzado mientras avanzaban hacia la línea Munificent.
El enemigo reaccionó rápido.
Cazas buitres interceptaron la oleada de Ala-X, iniciando un combate caótico de alta velocidad. Trazadoras verdes y rojas se cruzaban como relámpagos, mientras explosiones esféricas marcaban la muerte instantánea de pilotos y máquinas.
Pero la diferencia era táctica.
Los Ala-X no intentaron ganar superioridad aérea total. Solo necesitaban abrir un camino.
—Flanco derecho enemigo perdiendo cohesión —anunció el táctico.
Dormund asintió levemente.
—Segunda oleada. Ahora.
Los Ala-Y se lanzaron hacia la brecha escoltados por tres escuadrones de Ala-X que formaron un anillo protector a su alrededor. Aquella formación penetró la nube de combate como una lanza.
Mientras tanto, los Venators del Defiant concentraban fuego sobre las Munificent más cercanas, obligándolas a girar sus baterías y debilitando aún más el flanco.
ESTÁS LEYENDO
El Ascenso De La Humanidad
Science-FictionDespués de que el mundo pasara por una terrible pandemia global la cual acabó con decenas de miles de vidas de todas las clases sociales y no solo eso si no que también el daño que dejó fue a a tal grado que dejó a decenas de países en quiebra. Las...
