El cielo sobre Ferroa se había convertido en un campo de batalla feroz, pero ahora las mareas de la guerra estaban cambiando a favor de las fuerzas de la Federación Humana. Tras la maniobra estratégica que había destruido gran parte de las bases terrestres de los droides Buitre, la superioridad aérea estaba empezando a inclinarse. Los cazas Ala-X de la Federación se movían como relámpagos, zumbando entre las nubes de humo y fuego, mientras derribaban a los droides restantes que aún intentaban mantener su posición en el aire.
Dentro de la cabina de su Ala-X, el capitán Rheon Calvex, líder del escuadrón de caza “Sombras de Ferroa”, se mantenía firme en su control. A pesar del caos que estallaba a su alrededor, sus manos eran seguras, y su mente, tranquila. El marcador holográfico en su visor mostraba las coordenadas de los droides Buitre que quedaban, sus movimientos siendo cada vez más erráticos a medida que sus números disminuían.
—A todas las unidades de caza, procedan con la caza de los Buitre restantes. No los dejen escapar —ordenó Rheon a través del canal abierto de comunicación.
El capitán tiró de la palanca de control, guiando su Ala-X hacia un dron Buitre que giraba frenéticamente para intentar escapar de su mira. Con precisión letal, Rheon disparó una ráfaga de blásteres que perforó el casco del droide, haciendo que explotara en una nube de escombros ardientes.
—Uno menos —dijo Rheon, mientras su escuadrón lo seguía, eliminando a otros dos droides en cuestión de segundos.
Los cielos ahora eran de la Federación.
Desde el Resolute, su crucero insignia, el almirante Keller Oron observaba los monitores tácticos que mostraban la batalla aérea desarrollándose sobre Ferroa. Los puntos rojos, que representaban a los droides Buitre, disminuían rápidamente mientras las naves Ala-X de la Federación los cazaban sin piedad.
—Señor, nuestras fuerzas aéreas están ganando terreno rápidamente, informó un oficial táctico con una nota de satisfacción en su voz.
Oron asintió con aprobación.
—Perfecto. Que las unidades Ala-Y comiencen sus bombardeos sobre las posiciones de artillería enemiga y sus tanques pesados. Es el momento de romper su columna vertebral.
El oficial dio las órdenes, y en cuestión de minutos, las naves Ala-Y, que hasta entonces habían mantenido su distancia para evitar el fuego enemigo, descendieron como aves de rapiña sobre los blindados y artillería de la Confederación que se habían desplegado alrededor de Ferroa.
Las bombas de protones cayeron del cielo con un estruendo ensordecedor. Las explosiones iluminaron el suelo, destruyendo líneas enteras de tanques enemigos y desmantelando las baterías de artillería que habían estado bombardeando la ciudad durante meses. Los Ala-Y volaban en una formación perfectamente coordinada, haciendo pasadas meticulosas mientras dejaban a su paso un paisaje de cráteres y vehículos humeantes.
—Blanco asegurado —informó uno de los pilotos de Ala-Y.
Oron, observando la devastación desde su puente, sonrió levemente. El contraataque estaba funcionando.
En tierra, la ofensiva terrestre había comenzado con una furia imparable. Las divisiones blindadas de la 4ta División Blindada Centuriana lideraban el ataque, con los imponentes Baneblade al frente. Estos colosos de acero avanzaban lentamente, pero con una fuerza devastadora. Los cañones principales de los Baneblade disparaban sin descanso, reduciendo las posiciones enemigas a escombros. Sus blindajes gruesos y su potencia de fuego eran inigualables, y los droides de batalla de la Confederación caían ante ellos como si fueran juguetes rotos.
El capitán Grim Valtor, al mando de la 4ta División, estaba sentado en el interior de su Baneblade, observando el campo de batalla a través de los monitores del tanque.
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El Ascenso De La Humanidad
Science FictionDespués de que el mundo pasara por una terrible pandemia global la cual acabó con decenas de miles de vidas de todas las clases sociales y no solo eso si no que también el daño que dejó fue a a tal grado que dejó a decenas de países en quiebra. Las...
