Relatos de guerra #12

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El eco de las herramientas resonaba en el vasto hangar orbital sobre Marte. En su centro, una cañonera LAAT ocupaba el espacio principal, sus alas extendidas y sus motores desarmados, expuestos a los ingenieros que trabajaban a su alrededor. La nave, de un tono gris acero con detalles en rojo, mostraba los signos de desgaste por las constantes operaciones. El emblema de la Federación adornaba los laterales del casco, desgastado por el paso del tiempo y la batalla. Las enormes cápsulas de misiles colgaban en sus compartimentos laterales, mientras que los cañones láser gemelos en el frente seguían fijos, esperando una nueva misión. Su estructura alargada y robusta estaba diseñada para resistir el fuego enemigo mientras transportaba tropas al corazón de los combates. El interior de la cabina estaba lleno de mandos y controles que facilitaban tanto la navegación como el uso de su variado arsenal.

Cale, uno de los ingenieros, repasaba una lista de verificaciones mientras ajustaba los estabilizadores magnéticos bajo el ala derecha. Lorin, su compañero de trabajo y amigo de larga data, estaba junto a él, concentrado en los componentes de energía del motor. Ambos llevaban semanas realizando trabajos de mantenimiento en la nave, asegurándose de que estuviera lista para las operaciones futuras.

“¿Sabes?”, dijo Cale, limpiando el sudor de su frente, “si hubiéramos estado en la superficie durante la guerra civil, probablemente estaríamos muertos.”

Lorin, sin apartar la vista de los circuitos que estaba soldando, asintió lentamente. “No lo digas. He estado pensando en eso mucho últimamente. Tuvimos suerte de estar aquí arriba, en la órbita. Si los tecnofanáticos hubieran logrado infiltrarse en las estaciones y los astilleros, la guerra habría sido completamente diferente.”

Cale soltó un resoplido mientras revisaba los sistemas de munición de los lanzamisiles. “Imagina a esos lunáticos controlando las cañoneras y las plataformas orbitales. Habrían lanzado ataques sobre la superficie sin pensarlo dos veces. Lo que ocurrió abajo fue una masacre, pero al menos no tuvieron acceso a todo lo que está aquí arriba.”

La guerra civil en Marte había sido brutal, una lucha entre las fuerzas leales a la Federación y los tecnofanáticos, un grupo extremista que creía en la fusión total entre el hombre y la máquina. Querían convertir Marte en un mundo completamente mecanizado, erradicando a los "humanos imperfectos" y reemplazándolos por seres cibernéticos. La lucha había arrasado ciudades enteras y dejado cicatrices profundas en la superficie del planeta.

Mientras Cale cerraba el compartimiento de misiles, Lorin levantó la mirada y se apoyó en la nave. “Los tecnofanáticos eran despiadados, pero el peor miedo que tenía era que lograran tomar el control de los astilleros. Ya teníamos bastante con lo que estaba pasando abajo; no sé cómo habríamos sobrevivido si hubieran usado las naves y armamento que están aquí.”

“Lo peor es que todo ese conflicto comenzó por pura ideología”, continuó Cale. “La gente estaba cansada de la Federación, y los tecnofanáticos ofrecieron una salida, o al menos lo hicieron parecer así. Es una locura pensar cómo la gente fue tan fácil de manipular.”

Lorin volvió a sus herramientas, soldando un último componente antes de cerrar el panel del motor. “Sí, pero algunos no tenían opción. Sabes cómo son las cosas en las colonias mineras. Los tecnofanáticos ofrecían una vida mejor… o eso decían. Mucha gente se unió a ellos por desesperación, no por creencias.”

“Lo sé”, dijo Cale en voz baja. “Pero al final, todos pagaron el precio. Vi imágenes de las ciudades bombardeadas, las calles llenas de cuerpos… Es increíble que algo así ocurriera justo debajo de nosotros, mientras nosotros estábamos aquí, manteniendo estas naves listas para combate, pero sin estar en la línea directa del fuego.”

Lorin se detuvo un momento, como si recordara algo. “¿Te acuerdas de Evans? El tipo que trabajaba en los hangares de Olimpo Mons.”

Cale frunció el ceño. “Sí, claro. ¿Qué pasó con él?”

“Estaba en la superficie cuando todo comenzó. Se quedó atrapado en uno de los refugios de resistencia. Sobrevivió a los primeros bombardeos, pero... no volvió a salir. Lo dieron por desaparecido después de que los tecnofanáticos arrasaran la zona.”

El silencio llenó el hangar por unos momentos. Ambos sabían que las probabilidades de sobrevivir en la superficie habían sido mínimas, especialmente en los primeros días de la guerra, cuando las fuerzas leales luchaban por mantener el control de las ciudades clave.

“jodido infierno”, murmuró Cale. “Es una suerte que no lograran tomar ninguna de las estaciones en órbita. Si esos locos hubieran conseguido siquiera una de estas naves, habrían tenido un control devastador sobre todo Marte.”

Lorin asintió. “Las LAAT en particular...”, dijo, golpeando suavemente el casco de la cañonera. “Estas cosas pueden llevar una docena de soldados y suficiente potencia de fuego para arrasar una columna blindada. Con sus lanzamisiles y cañones láser, habrían devastado cualquier resistencia en la superficie.”

Cale echó un vistazo a la nave, admirando su diseño. Las LAAT eran máquinas de guerra versátiles, capaces de transportar tropas a zonas de combate difíciles de alcanzar mientras ofrecían apoyo aéreo con un impresionante arsenal. Eran resistentes, rápidas y letales. Pero, como todas las máquinas, requerían un mantenimiento constante, algo de lo que Cale y Lorin se encargaban con esmero.

“Es increíble lo que una de estas puede hacer en combate”, dijo Cale. “He escuchado historias de cómo se desplegaron en otros conflictos. Con un par de estas cañoneras, puedes cambiar el curso de una batalla.”

“Por suerte, no tuvimos que usarlas contra los tecnofanáticos aquí arriba”, agregó Lorin. “Pero nunca sabes cuándo las cosas pueden empeorar.”

Ambos ingenieros se quedaron en silencio por un momento, observando el vasto hangar y las demás naves que estaban siendo reparadas y mantenidas. Marte estaba en reconstrucción, pero la guerra civil aún resonaba en sus mentes.

“Me alegro de estar aquí arriba”, dijo Cale finalmente. “Aquí, al menos, podemos mantener las cosas en funcionamiento, asegurarnos de que si hay otra crisis, estaremos listos.”

Lorin asintió. “Sí. Aquí arriba, aún tenemos una oportunidad.”

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