LXXXIX

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1 de agosto del 2022

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1 de agosto del 2022

Desperté envuelta entre las sábanas de la cama, haciéndome consciente de la helada temperatura en la habitación de Soyeon. Ese era un día particularmente frío —el ligero temblor de mis piernas siendo prueba de ello—, pero después de una noche acalorada junto a mi novia, no había frío que pudiera hacerme sentir incómoda, ni sensación gélida que pudiera calar en mi piel, excepto por el tacto de los dedos helados de la coreana sobre mi cuerpo.

Abrí mis ojos con dificultad algo lastimados por la presencia de los rayos de sol que se colaban a través de las separaciones de las cortinas de la habitación. Aunque se notaba que el sol había salido por completo, la somnolencia no me permitió reparar en ello.

Y aún en el estado de sueño en el que me encontraba, fui capaz de notar el como Soyeon ya estaba despierta, entretenida en su teléfono mientras me daba una perfecta vista de su espalda. 

Me giré y coloqué mi brazo rodeando su torso desnudo, así como acerqué mi rostro por encima de su hombro.

—Buenos días, amor. — saludé levemente, el típico tono rasposo de las mañanas adornando mi voz; ella dejó su teléfono a un lado y dejó de darme la espalda, para dedicarme una mirada cariñosa. 

—Buenos días, Song Yuqi. — se acercó y plantó un beso en mis labios. 

Un beso tierno y suave, como amaba esos besos con locura. 

—¿Qué tal dormiste? — pregunté, entrelacé mis dedos con los de ella. 

—Muy bien, después de anoche, ¿Cómo no podría? — sonrió.

Yo también sonreí, aquellas palabras siempre me mandaban oleadas de energía.  —Siempre me aseguro de que puedas dormir bien mientras lo hagas conmigo.

—Y siempre lo logras. — afirmó, acercando su rostro al mío, juntando nuestras narices y sonriendo ante la cercanía.

Concluimos aquel momento con un beso y nos levantamos de la cama. 

Caminé hasta la cocina y me estiré un poco, decidí que hoy haría el desayuno yo sola, ¿Razón? Ninguna en particular, más allá de tener mi corazón latiendo con fuerza ante la presencia de la coreana, quien me llamaba a atenderla como a una reina, aquello no me molestaba en absoluto. 

Ella se merecía todos y cada uno de los lujos que quisiera darse.

—Siéntate, voy a hacer el desayuno.

—Hey, siempre lo hacemos juntas. — reclamó, un leve puchero adornó sus labios y tuve que contener todas las ganas de borrar ese gesto con mi boca. 

Apreté los labios. —Nada de peros, hoy quiero que descanses porque quiero y porque puedo.

—Pero... no dije pero. — dijo con un tono gracioso.

𝗔𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲𝗻, 𝒂𝒍𝒍 𝑓𝑒𝑙𝑙 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭  » (𝑮)ɪ-ᴅʟᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora