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12 de octubre del 2022

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12 de octubre del 2022

1:39 AM

El hospital tenía ese olor estéril, a desinfectante y otras cosas que eran difíciles de identificar, que hacía que todo pareciera aún más frío de lo que ya era. Las luces fluorescentes parpadeaban débilmente, proyectando sombras en el suelo perfectamente pulido.

Yuqi estaba sentada en una silla de ruedas, la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás mientras una enfermera terminaba de colocarle las vendas en la nariz. Todavía le ardía, un dolor pulsante que le recorría el rostro con cada latido. La sangre había dejado de fluir, pero el sabor metálico seguía en su lengua.

Minnie estaba a su lado, con los brazos cruzados sobre su pecho, su mandíbula estaba tensa, pero su rostro era pálido, casi como si hubiera visto un fantasma; no hablaba, no se movía, solo miraba al frente con una expresión vacía, como si su cerebro se hubiera apagado por completo ante la brutalidad de la noche.

Miyeon, en cambio, era un caos interno. Se mordía el labio, sus dedos jugaban nerviosamente con la tela de su blusa, su mirada iba de Yuqi a Soojin y luego a Shuhua, sin saber a quién enfocarse, sin saber cómo reaccionar.

Shuhua estaba de pie, apoyada contra la pared, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Por fuera, era pura indiferencia, su rostro apenas mostraba emoción, como si estuviera fuera de todo lo que estaba ocurriendo, pero su pie temblaba ligeramente contra el suelo, un tic casi imperceptible; un signo de que, por dentro, la tormenta también la estaba consumiendo.

Y luego estaba Soojin.

Alejada del grupo, con los brazos rígidos y la espalda tensa. Miraba fijamente el suelo, con la mandíbula apretada, sin decir una palabra. Su pecho subía y bajaba con cada respiración pesada, sus manos estaban enrojecidas, aún calientes por el golpe que le había dado a Yuqi, pero no mostraba arrepentimiento; no se movía, no se atrevía a levantar la mirada.

Era una bomba de tiempo.

Nadie hablaba.

El pasillo del hospital era largo, con puertas cerradas a ambos lados y una que otra enfermera pasando con prisa, pero para ellas, el mundo se había reducido a ese espacio.

A la tensión en el aire.

A la rabia contenida.

A la culpa flotando entre todas y la ira contenida en Soojin.

Un doctor pasó por el pasillo y entró en la habitación donde estaba Soyeon. La puerta se cerró detrás de él, y el sonido hueco del golpe resonó en sus pechos como un martillazo.

Yuqi tragó saliva con dificultad, sintiendo el vendaje apretado alrededor de su nariz.

—¿Cuánto más vamos a estar aquí sin noticias? —preguntó en un susurro, con la voz opaca.

𝗔𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲𝗻, 𝒂𝒍𝒍 𝑓𝑒𝑙𝑙 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭  » (𝑮)ɪ-ᴅʟᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora