En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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27 de septiembre del 2022
Siempre me ha gustado la cocina de Minnie. No porque sea particularmente grande o lujosa, sino porque tiene ese toque acogedor que la hace sentir como un verdadero hogar... nuestro hogar, a pesar de que no compartiéramos el lugar aún oficialmente. La luz del sol entraba por la ventana, iluminando la encimera donde cortaba unas verduras con calma. Minnie, en cambio, revolvía algunos ingredientes en una sartén mientras tarareaba en voz baja.
Era un día tranquilo, o al menos, debería haberlo sido.
Sabía que tenía que sacar el tema tarde o temprano, aquello que venía cargando en mi mente con insistencia. Desde aquel desastre con Yuqi y todo lo que había pasado después, no habíamos hablado con Soyeon. La incomodidad de esa distancia se sentía como un peso que nos perseguía a todos lados, pero especialmente a Minnie; no era difícil notarlo: su actitud reservada, el modo en que evitaba el tema cada vez que alguien lo mencionaba.... su silencio lo decía todo.
—Deberíamos hablar con Soyeon —dije, rompiendo la calma del momento.
Minnie dejó de revolver la sartén por un instante. No me miró de inmediato, solo exhaló un suspiro pesado y siguió cocinando.
—¿Ahora? —murmuró, con un tono que denotaba más resignación que sorpresa.
—Tal vez... deberíamos hacerlo pronto, no creo que sea bueno dejar que más tiempo pase —dije, apoyándome en la encimera—. No podemos seguir ignorándolo, está mal, me siento mal, y sé que tú también.
Minnie se quedó en silencio, concentrada en la comida, como si de repente hubiera descubierto la receta del siglo y no pudiera despegar sus ojos de los ingredientes. Sabía que no quería hablar de eso. La vergüenza, la culpa, todo seguía ahí, tan presente como el olor a ajo en el aire.
—Miyeon... no sé... no sé si puedo —dijo finalmente, bajando el fuego de la estufa—. No sé ni qué decirle, no sé si quiero enfrentarla después de todo lo que pasó. Soyeon seguramente me odie, a ti también, ¿Crees que quiero verla insultándome de todas las maneras posibles cuando yo misma ya lo hice en mis pensamientos cada noche desde ese día?
Suspiré, me acerqué a ella y toqué su brazo con suavidad, obligándola a mirarme. Sus ojos oscuros reflejaban una mezcla de emociones que rara vez mostraba tan abiertamente.
—No se trata solo de lo que tú quieras o lo que yo quiera, se trata de lo que debemos hacer. Minnie, tú y yo le fallamos y lo sabemos. Si somos buenas amigas, deberíamos al menos intentarlo.
Minnie apretó los labios, su expresión endureciéndose por un momento antes de relajar los hombros. Sabía que tenía razón, siempre lo sabía, aunque le costara admitirlo.
—¿Y si no quiere vernos? —preguntó en voz baja.
—Entonces, al menos lo intentamos, pero no hacer nada no es una opción.