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15 de octubre del 2022

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15 de octubre del 2022

Desde que dieron de alta a Soyeon en el hospital, me quedé con ella, cada segundo que podía más allá de lo que el trabajo me permitía. No porque me lo pidiera, sino porque si la dejaba sola, sabía que no haría nada por sí misma, al menos así me aseguraba de que comiera, se bañara y cumpliera con sus necesidades básicas. No me importaba que no hablara mucho o que apenas reaccionara cuando le decía algo, prefería eso a encontrarla hecha un desastre peor del que ya estaba.

Su departamento, de no ser por mí, habría estado en ruinas. No porque fuera particularmente desordenada, sino porque no hacía absolutamente nada desde que volvió a casa. Si dejaba un plato sin lavar, ahí se quedaba, si una prenda caía al suelo, ahí permanecía, si la basura se acumulaba, nadie la tocaba. Me encargué de recoger todo sin decirle nada, porque sabía que, si empezaba a regañarla, solo lograría que se encerrara más en sí misma.

Pero lo peor no era el estado del departamento, lo peor era ella.

Su teléfono no dejó de sonar en todo el día, y nunca era para algo bueno. Recibió llamadas de sus jefes, de representantes de marcas de maquillaje, de productores de shows de variedades, de gente con la que tenía contratos firmados, y todos decían lo mismo: cancelado, pausado, pospuesto hasta nuevo aviso.

No podía oír lo que le decían del otro lado, pero veía el reflejo en su rostro. Al principio, respondía con frases cortas, intentando sonar profesional, pero luego ni siquiera se molestó en contestar. Solo dejaba que el teléfono vibrara y vibrara hasta que la pantalla se apagaba, luego lo desbloqueaba, scrolleaba sin parar, un ciclo infinito que solo se interrumpía cuando se quedaba dormida, lo que pasaba cada vez más seguido.

Comía poco y si no la obligaba, no probaba bocado, además, cuando lo hacía, apenas tocaba la comida. Traté de cocinarle cosas que le gustaban, comprarle comida de restaurantes que sé que le gustan o comprarle chocolates y otros dulces, pero nada parecía despertarle el apetito.

Estaba limpiando los restos del almuerzo en la cocina cuando escuché la vibración del teléfono de Soyeon sobre la mesa con una llamada que ignoró. En ese instante noté que, en lugar de contestar, sacó un papel doblado de la carcasa; no tenía ni idea que guardaba cosas allí, pero lo extraño de todo eso, era su expresión al ver el papel arrugado: frunció ligeramente el ceño, como si no recordara haberlo puesto ahí.

Lo desplegó y empezó a leerlo en silencio. Sus ojos recorrieron las líneas con una expresión que no supe descifrar del todo, no parecía molesta, pero tampoco indiferente, pues definitivamente había algo de emoción en ella. Algo en su rostro cambió de repente, aunque no lo suficiente como para que pudiera entender qué sentía. Definitivamente, era una expresión diferente a la fría que solía tener la mayoría del día, así que me preocupé.

Pero no pregunté.

No porque no me diera curiosidad, sino porque simplemente no era mi asunto y ella merecía su espacio. Confiaba en que, si era algo importante, ella diría algo, y si no lo hacía, significaba que prefería guardárselo para sí misma.

𝗔𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲𝗻, 𝒂𝒍𝒍 𝑓𝑒𝑙𝑙 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭  » (𝑮)ɪ-ᴅʟᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora