En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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18 de octubre del 2022
Pasaba la mayor parte de mi tiempo libre en casa de Minnie. Había dejado de sentirlo como una decisión y más como una obligación, no porque no quisiera hacerlo... sino porque podrían pasar cosas malas si no lo hacía, pero no una de esas obligaciones que te pesan y te hacen querer escapar, sino una que simplemente no podía evitar, porque amaba a Minnie con todo mi ser, porque aquella tailandesa me era de las razones de mi felicidad en mi vida, así que, no podía permitirme que algo malo pasara.
Minnie me necesitaba, y yo estaría ahí para ella todo el tiempo que fuera necesario.
Por otro lado, no me podía engañar pensando que estaba perfectamente bien. También tenía mis propios síntomas de abstinencia, esos pequeños momentos en los que mi cuerpo me recordaba lo fácil que sería ceder, lo mucho que quería hacerlo, pero me convencía de que podía manejarlo, de que podía controlarlo, porque ahora mismo, lo único que importaba era Minnie.
Ella había cambiado, ya no era la misma. Tenía cambios de humor bruscos, pasando de la irritabilidad absoluta a una sensibilidad extrema en cuestión de minutos. A veces discutía por tonterías, lanzando comentarios hirientes que ni ella misma parecía procesar, y otras veces, la encontraba perdida en sus pensamientos, con los ojos vidriosos y las manos temblando apenas perceptiblemente.
Y yo tenía que ser la cuerda que la mantenía atada a la realidad.
Mi teléfono vibró en el bolsillo y lo saqué, sintiendo un pequeño nudo en el estómago cuando vi el nombre en la pantalla.
Sus padres.
No era raro, me habían estado llamando con frecuencia, preguntando por su hija, buscando algún tipo de tranquilidad en mis palabras. Sabía que preferían hablar conmigo antes que enfrentarla directamente. Quizá porque sabían que Minnie no les respondería bien, o quizá porque yo era la única que podía controlar la situación sin hacerla explotar.
Respiré hondo y forcé una pequeña sonrisa antes de levantarme del sofá.
—Voy a contestar esto, vuelvo en un segundo —le dije a Minnie, intentando sonar despreocupada.
Ella apenas reaccionó. Se limitó a dar un leve asentimiento sin apartar la vista de la televisión, pero su expresión estaba ausente, como si ni siquiera estuviera prestando atención.
Me moví a una de las habitaciones apartadas y cerré la puerta antes de contestar.
—Hola, señora Yontararak —saludé, tratando de mantener la voz firme.
—Miyeon, querida, gracias por contestar —respondió su madre con ese tono preocupado que ya me era demasiado familiar—. ¿Cómo está Minnie?
Lancé una mirada al suelo, presionando mis dedos contra mi muslo.
—Está... avanzando, es un proceso lento, pero ha mejorado —mentí con naturalidad. Sabía que era lo que querían escuchar.
—Nos alegra escuchar eso —intervino su padre, con un tono más serio—. Justamente queríamos hablar contigo de algo importante.