En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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12 de septiembre del 2022
Esa mañana me desperté con la mente llena de pensamientos que no quería procesar. Había algo en la rutina, en la normalidad de las pequeñas cosas que siempre ayudaba a calmar un poco la tormenta interna. Decidí que, tal vez, salir a comprar algo para la casa me distrajera. Necesitaba ingredientes frescos, algo que me sacara un poco de la nube gris que me envolvía... que nos envolvía.
Justo cuando estaba a punto de salir, escuché la voz de Soyeon, que venía de la sala. Me giré, sorprendida, escucharla hablar para este punto era algo raro, pero que me emocionaba, como si fuese una pequeñísima victoria dentro de una guerra completa.
—¿Te importa si voy contigo? —preguntó, su tono un poco vacilante, pero con un brillo en los ojos que no había visto en un tiempo.
Me sentí aliviada. A pesar de todo, verla con ganas de salir me dio un respiro. Tal vez lo que necesitaba no era estar sola, sino salir del encierro de aquellas cuatro paredes.
—Claro, ven —respondí de inmediato, sonriendo—. Estaba pensando en ir a comprar algo, la compañía siempre es bienvenida.
Soyeon asintió y se levantó del sofá. Fue al cuarto a ponerse una chaqueta y una gorra, intentando pasar desapercibida. Lo entendía, no era fácil para ella estar en público después de todo lo que había pasado, pero había algo en su actitud que me dio una sensación de alivio: un pequeño paso hacia la normalidad.
La seguí mientras salíamos al exterior. El aire fresco de la mañana nos rodeaba, y aunque no había mucha gente por las calles, agradecía que fuera de esta manera, siendo una situación más sencilla y digerible para mi amiga; sentí que los pasos de Soyeon eran un poco más firmes que antes y me sentí más feliz.
Por más que Soyeon podía ser una máquina delante de muchas personas, de sus fans... la situación había cambiado y debíamos ir poco a poco regresando a la vida de antes.
—Compra lo que quieras, no pongas límites —le dije, tratando de mantener la conversación ligera, mientras caminábamos hacia el supermercado—. Hoy se trata de disfrutar, aunque sea por unos minutos. Podemos comprar algo diferente, almorzar fuera o comprar ingredientes para hacer alguna comida especial.
Ella sonrió, aunque era una sonrisa algo forzada, pero, al menos, era una sonrisa.
—No me vendría mal un poco de chocolate —comentó, y al instante supe que se refería más a un deseo de consuelo que a una simple golosina.
—Perfecto, vamos por eso, lo que quieras —respondí, sin dudarlo.
A lo largo del pasillo, seguí hablándole de cosas triviales para mantener el ambiente relajado. Le mencioné la nueva tienda que habían abierto cerca, y que pensaba pasar el fin de semana para ver qué ofrecían. Después, le comenté sobre una flor rara que había visto en el parque ayer. Sabía que necesitaba distraerse, aunque fuera por un momento. Le conté también sobre el café de la esquina que había probado, preguntándole si ya lo conocía. No quería presionar ni hablar de temas más profundos si no era el momento.