En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
23 de agosto del 2022
Cuando llegué a la casa de Minnie, una sensación extraña me recorrió el cuerpo. No era la primera vez que estaba ahí, claramente, pero ahora todo se sentía diferente, después de... todo lo que ha pasado. La casa estaba en completo silencio, sin su música de fondo, sin el eco de su risa, sin nuestras conversaciones o bromas tontas, solo el frío aire estancado y el tenue olor a perfume caro impregnado en los muebles me recordaban que ese era su espacio. Inhalé hondo y me obligué a avanzar, había venido con una tarea: recoger algunas cosas para ella, lo necesario para cuando despertara.
Me dirigí a su habitación y abrí el armario, sacando algunas mudas de ropa, su pijama favorito y un par de suéteres y acomodé cada prenda en la maleta con cuidado. Revisé su tocador, tomando su cepillo de dientes, algunas cremas, y por inercia, el perfume que siempre usaba. Lo sostuve un momento entre mis manos, observando el frasco. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que pudiera volver a olerlo sobre su piel? ¿Cuánto más tendría que esperar para que todo volviera a la normalidad, si es que lo hacía?
Fue cuando abrí la gaveta de su mesita de noche que lo vi: pequeños envoltorios plásticos dispersos entre papeles y otras cosas sin importancia. Sentí cómo mi estómago se encogía, al principio quise pensar que era algo aislado, tal vez un resto de alguna mala decisión que había tomado hace tiempo, pero entonces miré con más atención... había más, no solo en la mesita, sino en el cajón de su escritorio, dentro de un bolso en el armario, incluso en el baño, cuidadosamente envuelto en una pequeña caja de maquillaje, pequeños tubos con residuos de polvo blanco, bolsitas traslúcidas con restos de sustancia granulada, y lo peor: una caja bajo el colchón con jeringas, algunas usadas, otras a medio preparar.
Me quedé paralizada.
El aire se volvió pesado, mi pecho se oprimió. ¿Desde cuándo? ¿Cuánto había estado escondiéndolo? Sabía que lo hacía de vez en cuando, pero esto... esto era otra cosa. Mi mente fue a la noche del trío, esa donde todo pasó, cuando la vi desmoronarse después, cómo todo pareció quebrarse dentro de ella, ¿Había sido ese el detonante? ¿Era mi culpa acaso el no haberme dado cuenta?
Con las manos temblorosas, comencé a juntar cada envoltorio, cada resto de lo que había estado consumiendo y lo tiré en una bolsa negra, asegurándome de no dejar rastro, pero no fue suficiente. Me moví por la casa revisando cada rincón, cada escondite. En la sala, detrás de los cojines del sofá, encontré más, en la cocina, dentro de una taza en lo alto de un estante, hallé otro pequeño paquete; abrí los cajones buscando desinfectante, solo para encontrar una caja con una cuchara quemada y un encendedor.
Minnie estaba mucho peor de lo que imaginé, todo esto... esto no era recreacional, no era un escape pasajero ni una diversión momentánea, esto era... es un problema real, uno que yo había ignorado —o que no le había tomado la suficiente importancia— hasta que fue demasiado tarde.
Me senté en el suelo por un momento, mirando la bolsa ahora llena en mis manos, sentía náuseas. Minnie, mi novia... estaba hundida en esto y yo no había hecho nada para detenerlo, al menos no lo suficiente; me odié por no haber estado más atenta, por haber pensado que con simples palabras lo resolveríamos, que se detendría cuando lo quisiera o que darnos un tiempo era lo que necesitábamos, pero no, no era tan fácil, nunca lo había sido. Respiré hondo, obligándome a levantarme, no podía desmoronarme ahora, no cuando aún quedaba tanto por limpiar antes de que sus padres llegaran.