En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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25 de diciembre del 2022
El sol apenas había asomado por las cortinas de mi ventana cuando escuché el timbre sonar. No me moví. Me quedé quieta en la cama, con la mirada perdida en el techo, intentando que mi cabeza no diera demasiadas vueltas, pero era inútil. El timbre sonó otra vez. Luego escuché pasos y la puerta abriéndose.
Yena fue la que atendió, lo supe por el tono de voz que saludó a quien sea que haya saludado.
No quise levantarme, me sentía como una piedra, como un peso muerto en mi propia cama. No sabía a quién esperaba, pero definitivamente... no a ellas.
—Buenos días, Yuqi —escuché una voz conocida, fuerte, con ese tono cargado de cariño que sólo Minnie sabe usar.
Me giré en la cama, lentamente, y allí estaban.
Minnie, Soojin, Shuhua y... el espacio donde se suponía debería estar Soyeon. Solo ellas tres. Ese espacio vacío dolía como un balazo invisible en medio del pecho. Las vi paradas en la entrada de mi habitación, mirándome sin lástima, sin juicio... solo con esa mezcla extraña de preocupación y afecto que no supe cómo manejar.
Era extraño estar todas juntas en una habitación nuevamente, sin gritarnos, sin odiarnos.
Me senté en la cama, bajando la mirada al suelo. La vergüenza me pesaba tanto como los huesos. No podía mirarlas, no después de todo lo que estuve a punto de hacer.
No después de lo que casi dejo atrás.
Aun así, ninguna abrió la boca para reclamarme nada. Ninguna me soltó una de esas frases vacías que la gente dice cuando no sabe qué más hacer. Estaban ahí, solo... estaban, acompañándome a su manera, ese fue el mayor gesto de ayuda que podrían haberme dado.
Shuhua fue la primera en acercarse, con ese paso tranquilo, pero seguro que siempre tiene, como si nada en la vida pudiera realmente derribarla. Me dio una palmada suave en la cabeza, como si yo siguiera siendo aquella tonta que le hacía bromas a la rubia en nuestras primeras reuniones, y luego se sentó en el borde de la cama. Minnie se sentó a su lado, cruzando los brazos, y Soojin se quedó de pie, observando, sin decir nada, aunque esa mirada decía más que cualquier sermón.
Después de los saludos incómodos y de algunos silencios que se sentían más largos de lo que realmente eran, Soojin finalmente habló.
—¿Podemos tener un momento a solas?
Las demás no preguntaron nada, solo asintieron y salieron de la habitación. Yena también. Me quedé sola con ella. La misma persona que ayer, sin pensarlo dos veces, me sostuvo con todas sus fuerzas en el peor momento de mi vida.
Soojin se sentó a mi lado en la cama, cruzó las piernas y se quedó mirándome. No había enojo en su rostro. Solo cansancio, tal vez dolor, y un poco de ese orgullo estúpido que siempre la mantenía entera cuando el resto del mundo se venía abajo.