En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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17 de septiembre del 2022
La noche había sido más larga de lo que esperaba. Entre discusiones sobre cargamentos, rutas, problemas y dinero, mi cabeza zumbaba con información que debería importarme más de lo que realmente lo hacía en ese momento. Jian y los otros hablaban con seriedad, con ese tono de hombres que llevaban demasiado tiempo en el negocio, mientras yo fingía estar en la misma sintonía, como si todo esto no fuera una extraña mezcla entre un juego y una condena para mí.
Cuando finalmente todo terminó, salí de ese maldito bar sintiéndome agotada. Aflojé un poco la corbata de mi traje negro mientras caminaba hacia mi Porsche, sintiendo el eco de mis tacones resonar en el pavimento de la parte de atrás del bar. Me gustaba la sensación de vestir de manera impecable, proyectar esa imagen de poder y control, aunque a veces me preguntaba si realmente tenía el control de alguna jodida cosa, porque por más que lo pudiera aparentar, los sucesos recientes me hicieron replantearme todo eso.
Entré al auto y encendí el motor. El sonido grave y elegante del vehículo me recibió con familiaridad. Agarré el volante con ambas manos, pero en lugar de acelerar de inmediato, me quedé ahí, mirando mis propias manos, los nudillos tensos, la piel pálida bajo la luz tenue del tablero, el anillo en mi dedo.
"¿Cómo sería mi vida si solo fuera la presidenta de Mizuki?"
El pensamiento me golpeó con fuerza.
Mizuki, mi otra vida, la empresa de cosméticos que había construido con tanto esfuerzo, con una reputación impecable, con inversiones millonarias y expansión internacional. Ahí no era la jefa de una mafia, no tenía que ensuciarme las manos con asuntos turbios, no tenía que mirar por encima del hombro esperando el momento en que alguien decidiera traicionarme.
Podría ser solo eso.
Solo una empresaria.
Solo una presidenta de una empresa exitosa con una carrera prometedora y un futuro asegurado.
Pero... ¿Realmente era posible?
Solté un suspiro y apoyé la cabeza en el respaldo del asiento. No era tan fácil, salir de la mafia no era como renunciar a un trabajo de oficina, nadie simplemente "se iba" sin consecuencias. Jian lo había dicho en más de una ocasión, aunque nunca directamente para mí: el poder no se entrega, el poder se disputa y si yo intentaba dejar esto atrás, alguien más querría ocupar mi lugar, y no me lo pedirían amablemente.
Mizuki era una máscara perfecta, pero ¿Qué pasaría si de repente la máscara se volvía la única cara que mostraba? ¿Cuánto tiempo tardaría en volverse un objetivo?
Tal vez en otra vida, en otra circunstancia, podría haber sido simplemente Shuhua la empresaria, la presidenta.
Pero en esta, yo era Shuhua la jefa, y eso no era algo de lo que pudiera huir tan fácilmente.