En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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26 de agosto del 2025
El cielo estaba despejado, con nubes suaves flotando y un leve viento golpeando contra mi rostro. El verano estaba por terminar, y el calor era más suave que en semanas anteriores. Caminé por el sendero de grava con el ramo de flores bien sujeto entre mis dedos, sintiendo el crujido bajo mis zapatos. El aire tenía ese olor a tierra seca y árboles viejos que siempre me recordaba a la calma, incluso en este lugar.
Al llegar, allí estaba.
La lápida tenía un leve brillo por el sol de la mañana. Había otras flores, algunas más frescas que otras. Supuse que Miyeon o Soojin habrían venido hace poco. Me agaché frente a la tumba con lentitud y coloqué el ramo nuevo con cuidado: lirios blancos, peonías rosadas... y un par de gardenias. Sabía que no eran sus favoritas, pero eran las mías, y quería que tuviera un poco de mí también.
Me senté en el césped, justo frente a su nombre tallado. El mármol estaba limpio, como siempre. Nunca permitimos que el tiempo te opacara.
Respiré hondo antes de hablar.
—Han pasado mil siete días, Soyeon... —dije en voz baja, mirando el suelo por un segundo—. No puedo creer que ya hayan pasado casi tres años. Mil siete días sin tu voz, sin tu risa, sin tus regaños... sin tu todo.
Pasé los dedos por la costura de mi pantalón, recogiendo palabras con calma.
—Hoy cumplirías veintinueve, y aunque me duele no poder celebrarlo contigo, sé que... de algún modo estás aquí. Sé que estuviste conmigo en cada paso. Desde que volví a China, desde la terapia... desde que dejé todo lo que me hacía daño.
Hice una pausa y sonreí con cierta calma, con esa paz que me ha costado tantos amaneceres conseguir.
—Terminé la terapia hace dos semanas oficialmente. Mi terapeuta dijo que soy una mujer nueva... pero yo siento que simplemente soy más yo. Ya no me castigo cada mañana, ya no despierto sintiendo que tengo que pagar una deuda infinita. Me sigo levantando del mismo lado de la cama, sí... pero ahora no lo hago por culpa, sino por costumbre, porque me recuerda que tú estuviste ahí, que compartimos algo que nadie más podrá entender.
Miré mis propias manos, jugueteando con el anillo que aún llevaba, ese que compré solo para nosotras.
—Trabajo bien. Me dieron una columna fija en la revista. Escribo sobre cultura y sociedad, a veces meto algo de política y hasta un par de poemas cuando el editor no se da cuenta. Mis compañeros me respetan, me invitan a salir a veces, pero yo sigo diciendo que soy casada. No necesito que lo entiendan, tú y yo sabemos lo que fuimos... lo que somos.
Tragué saliva, el corazón me latía con fuerza.
—Las chicas están bien. Soojin y Shuhua se casaron, Miyeon y Minnie siguen como siempre, peleando por tonterías y amándose igual. Shuhua me manda fotos de lo que hacen las chicas cada semana. Soojin me manda audios diciéndome que no me olvide de cenar. Yena aún me llama para hablar de dramas chinos.