En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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15 de enero del 2023
Me detuve frente a la puerta del apartamento de Soyeon, sintiendo el frío de las llaves metálicas clavarse en la palma de mi mano sudorosa. Era un peso mínimo, insignificante... y aun así, esa llave parecía tener el peso de todo el universo encima.
Sabía que este día iba a llegar. Desde el momento en que firmaron los papeles de la venta, lo supe. Pero ahora que estaba aquí, que era real, deseaba no haberlo sabido nunca. Deseaba que todo fuera un mal sueño del que pudiera despertar.
Tomé aire, cerré los ojos un segundo, y finalmente giré la llave.
La puerta se abrió con un chirrido suave, como un suspiro cansado.
Entramos las tres: Shuhua, Soohe y yo. Ninguna habló al cruzar la puerta, solo dejamos que el sonido de nuestros pies sobre la madre hiciera de ambiente suficiente.
El apartamento seguía oliendo a ella. A su perfume ligero, a la madera del piso que tanto le gustaba. Cada rincón era un recordatorio: el sillón gastado donde nos sentábamos a ver películas, el escritorio lleno de papeles con letras y otros garabatos hechos por ella que ahora estaba vacío, el perchero donde solía colgar sus chaquetas.
Casi pude imaginarla allí, de pie, mirándonos con una ceja levantada, preguntándonos qué carajos hacíamos llorando en su casa.
—Vamos a terminar esto rápido —murmuré, la voz ronca y cansada.
Shuhua asintió en silencio. Soohe respiró hondo antes de moverse.
Nos dividimos sin decirlo en voz alta. Shuhua y yo nos dirigimos al clóset de su habitación, mientras Soohe se encargaba de empezar a limpiar el polvo acumulado en los muebles. El apartamento, aunque relativamente ordenado, tenía ese aire de abandono triste, como una carcasa que había perdido su alma.
Abrí el clóset y lo primero que vi fue su chaqueta de mezclilla favorita.
La acaricié con los dedos, casi temiendo que se deshiciera bajo mi tacto. La había visto usarla mil veces, con una camiseta blanca y esos vaqueros gastados. Se la robaba a veces en esos días fríos en Cube, sólo para escucharla quejarse entre risas.
—¿Te acuerdas? —murmuró Shuhua, sosteniendo entre sus manos un vestido negro sencillo—. Usó este en una de las primeras reuniones que tuvimos junto a las chicas.
No pude evitar soltar una risa ahogada entre lágrimas. Asentí, limpiándome rápidamente los ojos con la manga de mi sudadera.
Cada prenda que guardábamos era una historia.
Los pantalones rasgados que usó en aquel viaje improvisado a la playa que terminó siendo un ligero desastre por culpa de Yuqi... ese día estaba enojada, pero ahora desearía volver a el. El suéter enorme que llevaba siempre cuando tenía frío. La bufanda roja que una vez perdió en una cafetería y recuperamos milagrosamente al volver por ella.