En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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18 de agosto del 2022
Me detuve frente a la puerta del apartamento de Soyeon, dejando escapar un suspiro largo antes de alzar la mano y llamar suavemente con mi mano. Sabía que esta visita no sería fácil, pero la preocupación por ella pesaba más que cualquier incomodidad, además del apoyo que le debía dar no solo a Soyeon, sino a mi novia, que no la estaba pasando muy bien tampoco.
La puerta se abrió tras unos segundos, revelando a Soojin con una expresión agotada. Su rostro reflejaba las noches sin dormir y la angustia constante, no podía culparla. Apenas me vio, suspiró con una ligera sonrisa y se hizo a un lado para dejarme entrar.
—Sabía que vendrías —murmuró, con una mezcla de resignación y alivio.
Asentí y crucé la puerta en silencio. El ambiente estaba cargado de soledad, con las cortinas cerradas y un aire pesado que parecía comprimir el pequeño espacio, muy diferente al ambiente de antes, donde habíamos celebrado juntas en ocasiones especiales, ahora... nada de eso existía. Mi mirada recorrió el apartamento hasta detenerse en la puerta entreabierta de la habitación de Soyeon, miré a Soojin en busca de permiso, y ella simplemente asintió con la cabeza.
Caminé con pasos sigilosos y empujé suavemente la puerta después de tocar dos veces con mis nudillos para avisar de mi presencia. Dentro, Soyeon estaba acostada de lado, envuelta en las sábanas, con la mirada perdida en la pared. Me acerqué y me senté en el borde de la cama, observándola en silencio por unos segundos antes de hablar con suavidad.
—Soyeon...
No hubo respuesta, solo el tenue movimiento de su respiración. Tragué saliva y apoyé los codos sobre mis rodillas mientras intentaba mirarla al rostro, tratando de encontrar las palabras correctas.
—Sé que no quieres hablar, y está bien. Solo quería verte.
Soyeon pestañeó lentamente, pero no giró la cabeza. Extendí la mano con cautela y toqué la manta que cubría su brazo, apreté un poco en su brazo.
Era difícil para mí manejar una situación como esta, sentía que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero lo seguiría intentando.
—No estás sola. Soojin y yo estamos aquí, y juntas vamos a estar atentas para ayudarte en todo lo que necesites... solo quería que supieras eso.
No hubo reacción. Su mirada permanecía fija en un punto invisible, mi corazón se encogió ante su indiferencia, pero no insistí. Me levanté con cuidado y salí, cerrando la puerta con la misma suavidad con la que había entrado.
En la cocina, Soojin me esperaba con una taza de té entre las manos. Se veía agotada, y su expresión reflejaba una mezcla de frustración e impotencia.
—No ha querido hablar con nadie —murmuró antes de que pudiera preguntar. —No quiere comer, al menos hasta que la termino obligando a probar un poco de su comida. Se la pasa durmiendo y no me dice más que un par de palabras al día. Intento animarla, pero... —soltó un suspiro pesado y se frotó el rostro con una mano—. No sé qué más hacer.