En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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22 de agosto del 2022
El sonido de los cubiertos chocando suavemente contra los platos llenaba el silencio de la casa de Soyeon. La cena transcurría sin prisa, envuelta en una calma casi forzada, como si el silencio fuera un acuerdo tácito entre ambas. Soojin y Shuhua comían en la mesa de la sala, sumidas en sus propios pensamientos, sin necesidad de intercambiar palabras. El aroma del arroz caliente, el té recién hecho y la comida servida flotaba en el aire, pero ninguna realmente lo percibía.
Entonces, los teléfonos sobre la mesa vibraron al mismo tiempo.
Fue un zumbido corto, apenas perceptible, pero que rompió el equilibrio del momento. No era común que eso pasara, no después de tanto tiempo, pues aquel grupo llevaba muerto un par de días y con razón. Instintivamente, ambas miraron sus dispositivos, extrañadas por la coincidencia. Desde que habían dejado de interactuar en el grupo de chat, no recordaban la última vez que recibieron un mensaje simultáneo allí, como antes era cosa de todos los días.
Soojin frunció el ceño, pero fue Shuhua quien reaccionó más rápido, deslizando el dedo sobre la pantalla para desbloquearla. Sus ojos recorrieron el mensaje de inmediato, y su cuerpo se tensó al instante.
"Minnie está en el hospital. Tuvo una sobredosis anoche, pero lograron estabilizarla... pensé que querrían saberlo."
Los latidos de Shuhua se detuvieron por un segundo.
Soojin, aun con el teléfono en la mano, leyó el mensaje al mismo tiempo. Su respiración se volvió más lenta, más pesada, su mirada bajó lentamente hasta encontrarse con la de Shuhua.
Ahí estaban, ambas con los teléfonos aún en la mano, sin moverse, sin hablar.
El impacto fue inmediato, pero cada una lo procesó de manera distinta. Soojin sintió un peso helado instalarse en su pecho, una sensación de inquietud que no supo nombrar de inmediato. Sabía que esto no debía afectarla tanto, que no tenía derecho a sentir la garganta cerrarse de esa forma después de lo que había pasado, pero ahí estaba, con el estómago revuelto y los pensamientos enredados, incluso cuando quería convencerse de que no le importaba.
Shuhua, en cambio, sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Una mezcla de incredulidad y ansiedad se alojó en su pecho, y por primera vez en mucho tiempo, la sensación de vacío que había intentado ignorar con respecto a Minnie se hizo insoportable. Se dio cuenta de que estaba respirando más rápido de lo normal.
Pasaron segundos, luego un minuto, nadie se movió.
El mensaje seguía ahí, iluminando la pantalla de sus teléfonos como un recordatorio silencioso de que lo que acababan de leer era real.
Finalmente, Shuhua fue la primera en moverse. Apagó la pantalla del móvil con un movimiento brusco y lo dejó sobre la mesa, el sonido del material del teléfono resonando sobre la mesa de madera. Sus dedos tamborilearon contra la superficie por unos segundos antes de detenerse, como si estuviera tratando de organizar las palabras en su cabeza.