En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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27 de noviembre del 2022
11:13 PM
El sonido de mis tacones resonaba con fuerza en el suelo de mármol de la base principal subterránea de nuestra organización mientras caminaba por el pasillo, cada paso firme, decidido, haciendo eco en la enorme sala donde la reunión había sido convocada. Sabía que todos estaban ya en su sitio, esperando respuestas. Esperando órdenes.
Empujé las puertas dobles con ambas manos y entré sin vacilar después de que ambos guardias afuera me saludaran con respeto.
El silencio fue inmediato.
Todos estaban ahí, Jian, Hong y el resto de los más cercanos, los que siempre habían estado a mi lado en los momentos más jodidos. Algunos estaban de pie, otros sentados, pero al verme entrar, todos me miraron.
Algunos con respeto. Otros con incertidumbre.
Sabían que, si los había llamado sin previo aviso, sin detalles, era por algo serio.
Caminé hasta la cabecera de la larga mesa de madera oscura, mi lugar de siempre.
Hoy, por última vez, me pararía frente a ellos como su líder.
Me detuve, observándolos con calma, mis manos dentro de los bolsillos de mi traje. Como siempre, llevaba un traje a la medida, negro, perfectamente ajustado a mi cuerpo. La camisa blanca debajo contrastaba con la sobriedad del conjunto, y el primer botón estaba desabrochado. Probablemente sería la ultima vez pisando ese lugar, así que debía hacerlo presentable.
—Les agradezco que hayan venido rápido —dije con voz firme, recorriendo la mesa con la mirada.
Hong, siempre relajado, apoyó un brazo sobre el respaldo de su silla y sonrió con ligereza.
—No es como si pudiéramos ignorar una llamada tuya.
Algunos rieron entre dientes, pero Jian, sentado con la espalda recta, solo me miró con seriedad. No se reía, no hacía bromas. Sabía que esto no era un encuentro cualquiera.
Exhalé despacio y me apoyé en el respaldo de la silla, sin sentarme.
—Voy a ir directo al grano.
Silencio.
—A partir de hoy, renuncio a mi puesto.
El murmullo fue inmediato.
Algunos se giraron para mirarse entre sí, confusos, incrédulos. Otros se tensaron en sus asientos.
—¿Qué? —Hong frunció el ceño, inclinándose hacia adelante.
—Escuchaste bien —le respondí sin rodeos.
Jian no dijo nada, pero pude notar cómo su mandíbula se tensó.
—A partir de este momento —continué, sin darles tiempo de reaccionar—, Jian es el nuevo jefe.