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12 de enero del 2023

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12 de enero del 2023

Han pasado cincuenta días desde entonces.

Caminé lentamente entre los pasillos de piedra del cementerio, como si cualquier paso apresurado pudiera romper el silencio del lugar. El aire era frío, tan frío que mi nariz parecía una manzana debido al color rojizo en la que se tornó. En mi mano llevaba un pequeño ramo de flores, las mismas que siempre le gustaban: lirios blancos. No sabía si eran sus favoritas, en realidad, pero una vez sonrió cuando se los llevé de sorpresa a su casa... y desde entonces, los tomé como suyos.

Cuando llegué, me detuve frente a la lápida. Le pasé los dedos con cuidado por encima del nombre grabado. Justo debajo, tal como lo pedí, la frase que le dimos como despedida:

"La Leona de Corea. Hija, hermana e ídola de nuestra nación."

Me arrodillé frente a ella, dejé las flores apoyadas con cuidado y, luego, me senté en el suelo frío, cruzando las piernas y abrazando mis rodillas. Me quedé en silencio unos segundos, respirando hondo, como si necesitara pedirle permiso para hablar.

—Me voy, Soyeon.

La frase me salió más suave de lo que esperaba.

—Hoy mismo, ya tengo todo listo. Voy a irme de regreso a China... a Zhaitang, ¿sabes? Es esa zona chiquitita de Beijing donde viven mis padres, entre algunas montañas. Antes me parecía lo más aburrido del mundo. No había fiestas, ni bares, ni gente interesante... solo viejos, casas con techos de tejas rojas y caminos de tierra, y ahora... no sé, suena perfecto.

Jugueteé con una piedrita entre los dedos, mientras bajaba la mirada.

—No me queda nada aquí, y ya no quiero seguir intentando encontrar algo entre los escombros. El espectáculo dejó de ser lo mío... creo que me cansé de fingir frente a las cámaras, de hacer reír a la gente mientras por dentro me estaba muriendo. Me gustaría vivir algo normal, algo tranquilo. Tal vez cuidar un huerto en casa, trabajar escribiendo artículos... no sé. A veces, cuando cierro los ojos, me imagino levantándome en una casa rodeada de árboles, sin más ruido que los pájaros y algún perro ladrando a lo lejos. Eso, nada más.

Me sequé la nariz con la manga del abrigo, el frío comenzaba a hacer de las suyas.

—Voy a estar con mis padres. Me siento como una niña otra vez, dependiendo de ellos para no romperme, pero creo que es lo único que puede salvarme ahora... seguramente alquilaré o compraré una casa por la zona después, quiero cuidar a mis padres, ¿sabes? Mantenerme cerca de ellos.

Miré la lápida otra vez.

—Y no sé si lo merezco, pero... quiero intentar vivir. Aunque no sé si sea vida sin ti, aunque me siga doliendo, aunque aún no pueda escuchar tus canciones ni de lejos.

Mi garganta se cerró, y tardé unos segundos en poder hablar de nuevo.

—Quería decirte que lo siento... otra vez. Por todo, pero no puedo quedarme aquí viviendo en esa culpa para siempre, al menos no delante de todas las miradas de Corea. Por eso me voy, no es una huida, es... lo más cercano a volver a empezar que tengo.

𝗔𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲𝗻, 𝒂𝒍𝒍 𝑓𝑒𝑙𝑙 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭  » (𝑮)ɪ-ᴅʟᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora