En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
01 de diciembre del 2022
Regresar al trabajo se sintió como tratar de encajar una pieza rota en su lugar.
Desde que desperté esta mañana, me repetí una y otra vez que todo estaría bien. Me forcé a levantarme, a arreglarme, a peinarme como siempre lo hacía. Frente al espejo, practiqué mi sonrisa, esa misma sonrisa que tantas veces había mostrado en la televisión, en entrevistas, en fotos, pero cada vez que la sostenía más de unos segundos, mi reflejo me devolvía una expresión vacía, ajena.
Repasé mis líneas para la grabación del drama que comenzaríamos hoy. Intenté recordar por qué en algún momento esto me hacía feliz. Me recordé que esto era mi trabajo, que lo había elegido, que lo había amado. Pero nada lograba borrar la sensación de peso en mi pecho.
Cuando llegué, noté que el set de grabación estaba igual que siempre: el equipo ajustando luces, el director dando indicaciones, los asistentes corriendo de un lado a otro. Ruidoso, caótico... vivo.
Y, aun así, yo me sentía fuera de lugar.
Di unos pasos dentro, intentando ignorar las miradas furtivas que algunos miembros del staff me lanzaban. Sabía que habían oído sobre lo que había pasado. Sabía que probablemente sentían pena, curiosidad o incluso morbo. No los culpaba.
—¡Miyeon!
Reconocí la voz antes de girarme y, en menos de un segundo, me encontré atrapada en un abrazo fuerte.
—¡Por fin volviste! —dijo Yeeun, sosteniéndome con fuerza antes de alejarse lo suficiente para mirarme de arriba abajo.
Pude ver la forma en que sus ojos me estudiaban con detenimiento, evaluando mi estado, mi expresión, todo.
—Te ves...
—No termines esa frase —la interrumpí, rodando los ojos con una sonrisa cansada.
Ella suspiró, pero sonrió de todos modos.
—Bien, iba a decir bien. Vamos a la sala de descanso.
No tenía ganas de conversar, pero tampoco quería quedarme sola, así que la seguí sin discutir. La sala de descanso era un espacio pequeño dentro del set, con un par de sofás, una mesa baja con bocadillos y una máquina de café. Nos sentamos en el sofá más alejado de la puerta y, apenas lo hicimos, Yeeun se cruzó de brazos y me miró fijamente.
—Bueno, ¿me vas a contar qué pasó o tengo que seguir enterándome de todo por Twitter?
Suspiré pesadamente y dejé caer mi cuerpo un poco más en el asiento.
—No hay mucho que decir —murmuré—. Soyeon... ya no está, y nada ha sido lo mismo desde entonces.
Vi cómo Yeeun apretaba los labios, sin interrumpirme.
—Las chicas y yo lo estamos sobrellevando como podemos. La verdad es que todo ha sido un desastre. El funeral, la prensa, las redes sociales... —Me pasé una mano por la cara, sintiéndome agotada solo de pensarlo—. No ha pasado un solo día en el que no haya visto a alguien hablando del tema, inventando teorías o sacando cosas de contexto.