CXXXIX

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23 de diciembre del 2023

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23 de diciembre del 2023

Volver a Corea después de un año se sintió como despertarme dentro de un sueño que no sabía si quería soñar.

Todo me resultaba familiar y extraño al mismo tiempo. El aire tenía ese olor entre humedad y ramyeon hirviendo en alguna esquina. El mismo que me acompañó durante tantos años... y que, sin darme cuenta, se me había quedado impregnado en los huesos.

Caminé despacio, con la maleta arrastrándose detrás de mí, ruidosa sobre las baldosas viejas de la acera. No quise tomar taxi, quería ver las calles por mí misma, volver a medirlas con mis pasos. Mis botas pisaban los mismos lugares donde habíamos caminado juntas, donde Soyeon me hablaba bajito mientras me empujaba hacia el lado seguro de la acera, aunque no pasara ni un auto.

Todo estaba igual, o casi igual. La tienda de conveniencia de la esquina había cambiado el letrero. Ya no era 7-Eleven, ahora era un CU, pero la máquina de helado seguía en la misma posición, y la cafetería de al lado había renovado su decoración.

Mi cuerpo entero se tensó cuando doblé hacia su calle... La casa de Soyeon, nuestra casa. No era mía en los papeles, pero lo fue. Lo sigue siendo, en mi cabeza, en mi piel.

Me detuve frente al edificio, mirando su balcón. La luz estaba encendida... claro, alguien nuevo ya vivía ahí, en lugar de mi Soyeon.

 Me quité la gorra y respiré hondo.

—Hola —murmuré, como si ella pudiera verme desde alguna ventana que ya no le pertenecía—. ¿Sigue siendo nuestro hogar así lo ocupe alguien más?

Giré la mirada y seguí mi camino.

Corea estaba exactamente como la dejé, pero yo no. Yo era otra, y no mejor, solo... distinta.

Una versión que sobrevivió sin saber muy bien cómo, ¿Eso podría considerarse mejor? Tal vez, pero la tristeza a veces pareciera que no fuera a desaparecer de mí, pero aprendí a vivir con esa carga.

Hoy es nuestro aniversario.

Dos años desde que me animé a decirle que no quería pasar ni un solo día más sin besarla. Dos años desde que ella dijo que sí con esa sonrisa suya, tímida pero determinada. Me acordé de todo, de lo nerviosa que estaba, de cómo temblaban mis manos al darle el arreglo de flores, como me caí tontamente, de cómo se rio, pero también de cómo me abrazó en silencio después, como si fuera obvio que íbamos a estar juntas, sin importar que mis planes para pedírselo no hayan salido del todo bien.

Recordé como estaba convencida de que esto sería para siempre, ella también se veía convencida.

Y en parte, lo estuvimos y teníamos razón, hasta que eso dejó de tener sentido de un momento a otro.


Seguí caminando sin apurarme. Todo dolía un poco, pero también me sentía viva de nuevo. Corea tiene eso... aunque me rompió el alma, también es el único lugar donde ella existió por completo. Donde fue feliz, donde me amó.

𝗔𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲𝗻, 𝒂𝒍𝒍 𝑓𝑒𝑙𝑙 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭  » (𝑮)ɪ-ᴅʟᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora